El samurái y el prisionero

Crítica

Público recomendado: +14

El apellido más cinematográfico del Imperio del Sol Naciente es, sin duda, Akira Kurosawa, estrella del cine clásico japonés. Sin embargo, ese apellido sigue más vivo que nunca a través de Kiyoshi Kurosawa, con el que no guarda ningún parentesco que yo sepa.

El argumento de El samurái y el prisionero gira en torno al señor Murashige Araki, que se rebela contra el villano de turno, Nobunaga Oda, razón por la que intentan asediar su castillo, mientras se producen una serie de inquietantes asesinatos en su interior.

El mencionado realizador, recordado por la cinta de terror Foreboding y por la interesante La mujer del espía, entra con una fuerza inusitada, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de Japón con una recaudación que supera los 6 millones de dólares.

Este director es un maestro del plano perfecto, como si se tratara de Fritz Lang o John Ford, mostrando de modo impecable el modo de vivir y sentir de la época de los samuráis, esos guerreros para los que el honor tenía un significado especial. La trama de intriga nunca deja de interesar, así como las investigaciones y los interrogatorios: los primeros, basados en métodos científicos, buscando la trayectoria de los impactos; y los segundos, tratando de descubrir las inconsistencias de las declaraciones de los sospechosos. Son momentos en los que el realizador nipón parece que hipnotiza al espectador.

La adaptación de la novela de Honobu Yonezawa refleja no solo el plano bélico de la trama, sino el trato humano entre las personas. El samurái es cuestionado por sus subalternos por perdonar la vida a algunas de las personas que cometieron traición, y vemos cómo les da la oportunidad de redimirse; sus planteamientos misericordiosos en alguna ocasión chocan con la rigidez de algunos de sus ayudantes.

La historia de amor está basada en la amistad y sinceridad del protagonista con su mujer. Ésta comprende y agradece la confianza que él deposita en ella. Se refleja muy bien cómo la pérdida de un hijo puede hacer sufrir a una mujer o al padre.

Los personajes hacen referencia a la fe budista e incluso en algún momento se menciona al cristianismo, así como se muestra el sinsentido de seguir luchando, incluso sin armas, cuando la batalla está perdida para supuestamente alcanzar el paraíso, mostrado con una idea equivocada propuesta por alguna de las enseñanzas budistas según el pensamiento de la mujer del señor de la guerra.

Víctor Alvarado

https://www.youtube.com/watch?v=lAZ_0ESP6ss

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