Crítica
Público recomendado: +18
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Pasar de la comedieta (comedia muy ligera) a la tragedia no es fácil y se puede caer en el ridículo rápidamente. Para hacerlo bien hay maestros como los hermanos Coen, con personajes surrealistas y situaciones aún más demenciales, y luego están los aprendices, como Potsy Ponciroli, que les intenta imitar con su apuesta Fuera de la ley.
Will (Himesh Patel) y Terry (Joseph Gordon-Levitt) son dos agentes de policía que se ven envueltos en un escandaloso crimen. Con el descubrimiento de un millón de dólares, los problemas se multiplican para los agentes. Los habitantes del pueblo, tan peculiares como codiciosos, también quieren adueñarse del botín. Todos ellos irán tomando una serie de decisiones cada vez más equivocadas y al margen de la ley que pondrá patas arriba toda la hasta ahora pacífica comunidad.
¿El dinero es bueno o es malo? La respuesta suele ser “depende de para qué lo uses” ya que no hay un sí o un no directo. Es una herramienta para un fin, habitualmente el ahorro o la adquisición de bienes y servicios. Pero ¿y si se convierte en un fin en sí mismo?, ¿y si todo se empieza a derrumbar por la codicia de los que lo desean? Es exactamente lo que proponen Ponciroli y su guionista Mike Vukadinovich con este filme que empieza en clave de comedia para ir tornando, conforme avanza el metraje, en una tragedia griega con un desenlace fatal para los que han buscado únicamente el enriquecimiento personal o no han tenido problemas en mentir sin importar las consecuencias.
El problema es que en Fuera de la ley nunca se alcanza el nivel de brillantez de los susodichos hermanos directores y al final queda un metraje muy superficial entregado en capítulos. Hay guiños más que evidentes como un deus ex machina sin disimulo o unos diálogos profundamente cínicos que traslucen una crítica directa a los personajes que representan, sobre todo ese policía, de comportamiento y valores más que cuestionables, que se metió en la profesión solo para demostrar ser más duro que el abusón que le pegaba de pequeño; de cumplir y hacer cumplir la ley ni hablamos. Tampoco ayuda esa escena sexual que, sin ser explícita, no pinta nada ni aporta algo esencial.
Pero no todo es malo ya que al menos se pone en valor la vida intrauterina calificándola como “milagro” (que lo es) y protegiéndola de toda la espiral de violencia que tiene lugar conforme la mentira aumenta, además de entrar en juego la Divina Providencia (curiosamente el pueblo en el que se desarrolla la acción se llama Providence), dejando claro que incluso en las peores circunstancias y aunque la oscuridad parezca total, siempre queda la esperanza de que Dios toque con su dedo al hombre y haga algo bueno: dar al mundo una vida nueva e inocente.
Así que tenemos una comedia-tragedia muy ligera, con algunos momentos divertidos logrados y un par de reflexiones interesantes, pero sobre todo pensada para el visionado rápido y olvido instantáneo. Eso sí, solo para mayores de edad por la violencia que incluye.
Miguel Soria