Crítica
Público recomendado: +12
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“No tiene explicación. Puedes hacer la mayor campaña de marketing del mundo, gastarte un dineral y no va a tener el mismo resultado”, asegura Javi Nieves hablando del fenómeno musical Hakuna.
Se estrena Descalzos, documental sobre Hakuna, dirigido por Santos Blanco –Libres, (2023)– con guion de Javier Lorenzo y el propio director. Una hora y cuarenta y tres minutos de duración. Hay muchas declaraciones, que deslucen un poco el ritmo al comienzo, pero el documental va in crescendo y tiene un estupendo cierre.
Articulado en torno a tres citas que invitan a una reflexión sobre el arte: la primera sobre la maravilla (“la maravilla es el eco de la belleza que llevamos dentro, que la música nos ayuda a expresar y compartir con el mundo”, Silvio Rodríguez). La segunda sobre la belleza (“la belleza es la ley moral del universo. Todo lo que es bello tiende a la verdad”, Ludwig van Beethoven). La tercera sobre la luz (“hay una grieta en todo, es así como entra la luz, Leonard Cohen). Más una cita final que dejamos para los espectadores de Descalzos.
La película incluye testimonios de cómo se formó Hakuna, de las experiencias personales de distintos componentes del grupo, del espíritu que anima todo este movimiento, de la manera de trabajar y componer canciones. Y también hay testimonios de personas que se han visto profundamente conmovidas por dentro por alguna canción de Hakuna.
Se echa de menos una explicación que contextualice y aclare qué es Hakuna y también más canciones del grupo, sobre todo en la primera parte. El documental deja mucho protagonismo a la palabra y, aunque las reflexiones son profundas y resultan interesantes, a ratos el discurso se hace largo. Y eso que probablemente habrá sido dura la selección de los testimonios, ya que en los créditos de cierre aparecen algunos entrevistados no incluidos en el montaje final.
La calidad visual del documental es excelente, pero arriesga poco con la cámara y la planificación de las entrevistas es demasiado académica; uno puede esperar algo más dinámico para un documental con tan fuerte protagonismo de los jóvenes y la música.
Se echan de menos los rótulos en las entrevistas para informar al espectador de quién habla y qué relación tiene con toda la historia que se está contando. El nombre es una apertura a quien conocemos, una confidencia que nos gusta saber de la persona con quien nos encontramos, una fuente de información clave en un documental. Y, por algún motivo, aquí se omiten.
Jóvenes, mayores, música, arte, prodigios cotidianos, belleza, verdad, grietas en el alma y una llamada a tomar partido, a no dejarse llevar por una sociedad individualista en la que las personas pueden acabar buscando tanta seguridad que –como dice una de las jóvenes entrevistadas– “me resguardo, me resguardo, me resguardo y al final, me lo pierdo todo.” Desde luego, sería una pena perderse este interesantísimo documental.
Javier Figuero