Crítica
Público recomendado: +18
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Este viernes, 5 de los corrientes, llega a los cines españoles Golpes, debut en la dirección de largometrajes del joven director de cine sevillano de 52 años Rafael Cobos, ganador de dos Premios Goya por sus trabajos como guionista en La isla mínima (guion original junto a Alberto Rodríguez, 2015) y El hombre de las mil caras (guion adaptado con Alberto Rodríguez, 2017). No está de más decir que la película fue recibida con éxito en la Seminci y en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde recibió dos premios al mejor guion y a la mejor película andaluza. Además, tiene cinco nominaciones en Premios Asecan del Cine Andaluz. De la distribución en salas se encarga A Contracorriente Films.
La película que nos ocupa irrumpe en la cartelera con la clara intención de dialogar con el cine quinqui que marcó a toda una generación. Ese cine áspero, urgente y marginal que cultivaron figuras como José Antonio de la Loma, padre del mítico Perros callejeros (1977), Eloy de la Iglesia –Navajeros (1980) o El pico (1983), por mencionar algunos de los títulos más ilustrativos de ese universo-, forma parte del ADN cultural que retrató la España de los márgenes durante los convulsos años 70 y 80. Cobos recoge parte de esa herencia, pero la reviste de una interesante, reflexiva y eficaz atmósfera contemporánea que convierte a Golpes en un híbrido homenaje entre revisión y reinterpretación histórica con algunos clichés.
El thriller criminal sigue la historia de dos hermanos, que se han criado juntos, pero que están marcados por trayectorias opuestas: uno atrapado en la delincuencia de barrio, aferrado a atracos torpes y supervivencia diaria; el otro, un agente que intenta sostener un sentido de justicia en un entorno turbio, donde la violencia policial y la precariedad social conviven sin tapujos.
Este conflicto íntimo funciona como columna vertebral del relato que hurga en los suburbios de la época, no exenta de deudas, chantajes y traiciones habituales. De hecho, el cine de Golpes arrastra estas heridas -que aún conviene para algunos dejar abiertas- y cuentas pendientes con el propio pasado de sus personajes, que es el sustrato del drama que resulta más atractivo -su empuje moral está bien traído-, donde vuelve a incidirse en el dolor por el padre ausente.
Por su lado, Cobos demuestra habilidad para entrelazar trama y subtrama con elegancia y equilibrio en la narración, igual que hicieron en su día las mejores películas quinquis, donde la historia personal siempre terminaba entrando en comunión con el pulso de la calle. El director se mueve aquí con crudeza y grandes dosis de realismo y violencia, tal vez más cercanas al estilo contenido que ya mostró en La isla mínima y algo más alejado del salvajismo documental de Navajeros. Los atracos, las persecuciones y los callejones están, sí; pero el foco no está en las peripecias de estas acciones, sino en aquello que empuja a sus personajes a estar siempre al borde del abismo y que no es otra cosa que aprender a convivir con los errores. A menudo, la buena conducta y la buena voluntad, de camino a la redención, no son actitudes suficientes.
En cuanto al reparto, la propuesta de Golpes se sostiene con fuerza gracias a dos ases de la interpretación como son Luis Tosar y Jesús Carroza, quienes construyen dos figuras complejas, tensas, llenas de cicatrices, que remiten a los antihéroes quinquis de principios de los 80. Y ahora la profundidad de sus conflictos está planteada con buenos mimbres desde los tiempos modernos, que Cobos ha sabido manejar porque funciona. El punto de inflexión de la trama de los hermanos se equilibra, además, con la presencia de la joven actriz Teresa Garzón, cuyo trabajo entre sus compañeros de elenco no desdice y también aporta calidez al conjunto entre tanto caos retenido.
No obstante, Golpes no es ajena a ciertos desniveles, a saber, aunque está bien prologada, el meollo de la tragedia familiar tarda en arrancar y en encontrar su tono. A su vez, muchos de los diálogos son muy discursivos y poco naturales. Por no hablar de escenas sin sentido, como la que casi cierra la película, durante el imposible desentierro de un familiar de una fosa. En esta línea, la historia desbarra al intentar volver la mirada -otra vez- hacia el pasado, las cunetas o las sombras de la Transición que están desdibujadas.
Por todo lo dicho, Golpes es una película digna, valiente, dura, aunque inestable en su aproximación a la cuestión histórica y no destinada a públicos sensibles, más dirigida si cabe a aquellos nostálgicos de los años 80, que está muy bien interpretada pero a la que le sobra violencia e ideología y a que le falta historia compartida.
José Luis Panero
https://www.youtube.com/watch?v=FMCYANkFMQE