Guillermo Tell

Crítica

Público recomendado: +16

Nick Hamm recupera al arquero más célebre de la mitología europea con una propuesta que vive entre el tributo al cine de aventuras noventero y la superficial reflexión moral sobre la violencia. La película nos sitúa en tierra suiza del siglo XIV, frente a un Guillermo Tell bien encarnado por el danés Claes Bang, que otorga a su personaje un creíble sentir apesadumbrado por las consecuencias de las Cruzadas. La historia transcurre cuando la legendaria figura vive refugiada en la paz del seno familiar y, por el bien de la trama, la opresión austríaca del caricaturizado Virrey Gessler le amenaza con volver a la lucha.

Sin duda la estética queda marcada por una nostalgia medieval, priorizando una puesta en escena que directamente retrotrae a las clásicas grandes producciones de capa y espada, potenciadas por planos inmensos de montañas nevadas y batallas bien coreografiadas. En cuestión de fotografía, se opta por los grises azulados y los ocres color tierra para promocionar la crudeza de ese invierno aterrador.

El problema más grave llega con un guion del todo previsible, nutrido de desfasados diálogos grandilocuentes y puntos de inflexión dramática cargados de poca credibilidad. No es difícil ver el desequilibrio entre drama introspectivo y cinta de acción política. En lo que respecta a la banda sonora, el compositor de Gravity (2013) intensifica la tradición céltica con cierta pesadez por los frecuentes coros masculinos. El diseño de vestuario sí destaca gracias a esas armaduras austriacas que contrastan con los pobres ropajes rebeldes.

Como he dicho antes, la cuestión moral no es demasiado reseñable. Desde esta óptima, Guillermo Tell explora sin aparente voluntad esa tensión connatural a la lucha entre pacifismo y belicismo. No hay que darle mucho al seso para comprobar los fantasmas que pululan alrededor de un protagonista traumatizado por la violencia en Tierra Santa. La moralidad del acto acrecienta su dificultad cuando el gobernador amenaza a su hijo. ¿Es lícito empuñar la espada para defender a los inocentes? Atendiendo al filtro del clásico género medieval, no desentona que la resolución llegue mediante la fuerza. Si la mirada es humanista, irónicamente la redención llega mediante flechas y no perdones.

Curioso porque es precisamente una noble austriaca, sumada a la rebelión, la que propone la compasión como verdadera liberación. Sin embargo, este rechazo de la venganza como vía útil queda relegado a un segundo plano narrativo.

A modo de conclusión, Guillermo Tell es una obra más del género que entretiene por momentos, pero no consigue modernizar el mito, tanto por el desequilibrio entre tonos íntimos y bélicos como por la falta de verosimilitud en los excesos digitales.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=cNA3r-TR070&ab_channel=BetaFictionSpain

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