Hamnet

Crítica

Público recomendado: +18

Llega a nuestras pantallas una de las películas favoritas a los Oscars de este año, Hamnet. La directora, Chloe Zhao, es un ojo derecho de la crítica y los académicos desde el inicio de su carrera, y de hecho ya ganó los Oscars principales en 2021 con su Nomadland. En esta ocasión adapta una novela reciente de Maggie O’Farrell que elucubra sobre la familia de Williams Shakespeare y el posible origen de su obra más famosa, Hamlet.

Hamnet relata el encuentro de William Shakespeare con Agnes Hathaway, a la que deja embarazada y con la que se casa. Posteriormente, y animado por su esposa, Shakespeare se traslada a Londres a perseguir sus sueños de dramaturgo, mientras ella debe lidiar con la enfermedad y muerte de uno de sus hijos, Hamnet.

La novelista Maggie O’Farrell (que firma también el guion de la película junto a Chloe Zhao), ya dejó claro que, a pesar de realizar una concienzuda investigación del contexto histórico, en su obra Hamnet se ve obligada a especular sobre la vida familiar de Shakespeare, de la que muy poco se sabe. Sí que es histórica la muerte de su hijo a los 11 años de edad, cuatro años antes del estreno de Hamlet. Y el acierto de O’Farrell es vincular este luctuoso evento con la inmortal obra. Pero el espectador que espere encontrar un retrato detallado del famoso bardo, o una indagación profunda en la creación de Hamlet, se equivoca.

Y es que William Shakespeare, interpretado de forma correcta por Paul Mescal, es prácticamente un secundario en la película. La auténtica protagonista es Agnes (una esforzada Jessie Buckley), ya que una vez Shakespeare se traslada a Londres, la historia se centra en ella.

Quizás ahí radique el problema principal de Hamnet: al espectador le queda la sensación de que hay una historia más interesante sucediendo fuera de campo. El personaje de Agnes resulta algo cargante y exagerado, con caprichosos cambios de parecer y comportamientos que parecen más propios de una joven actual. Además, su historia tampoco da mucho de sí, lo que hace que Zhao se recree en momentos que pueden resultar aburridos o incluso algo desagradables (como las crudas recreaciones de los partos).

Recorre también la película unos planteamientos filosóficos New Age algo superficiales y desde luego anacrónicos a la época retratada. Zhoe se acerca en ocasiones al realismo mágico, con una estética bien lograda técnicamente pero algo vacía.

La película remonta en los últimos 20 minutos, con la recreación del estreno de Hamlet, donde se establece la conexión con la tragedia vivida por el autor y su familia, y que encapsula bien en imagen cómo el arte puede conectar con el imaginario colectivo. Una obra como Hamlet se puede convertir en inmortal porque conecta con cuestiones que atañen a toda la raza humana, principalmente la mortalidad propia y la pérdida de los seres queridos. Algo que Hamnet intenta también hacer, pero se pierde en el habitual ejercicio esteticista de su autora, que no da la talla al afrontar el conflicto principal con autenticidad humana.

Federico Alba.

https://www.youtube.com/watch?v=Ith7z6FzLe0

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