Critica
Público recomendado: Todos los públicos

El desconocido ecosistema marino de gran belleza y biodiversidad del mar Cantábrico (Kantauri) es el que tendremos ocasión de admirar con este nuevo documental. Desde las aguas costeras hasta 20 km de profundidad, conoceremos la fauna y flora parte del origen de la cultura vasca, invitándonos a disfrutarla, cuidarla y protegerla.
Tras inaugurar el festival Gnat Zinema, la Muestra de Cine de Naturaleza y Medio Ambiente que organiza la Diputación de Gipuzkoa, el documental dirigido por los pamploneses submarinistas, Isaías Cruz y Xabi Mina, se presenta cautivador, luchando contra el mito del Cantábrico yermo y oscuro.
El enigma del Cantábrico en una propuesta de no ficción de la mano de dos cineastas que bucean bajo el agua. Cruz es fotógrafo especializado en naturaleza y medio marino y guía de buceo, mientras que Mina es licenciado en Ciencias Marítimas y docente. Se conocieron a través de un amigo común que regenta un centro de buceo en Pamplona. Como verdaderos apasionados del mar, se entristecen al ver “las alteraciones del medio”, según sus declaraciones.
Kantauri (“canta el mar”) demuestra que bajo estas aguas habita una gran cantidad de vida llena de color y belleza. “Si queremos que la gente valore lo que tiene, lo que necesitamos es que, primero, lo conozca y así lo quiera conservar”, comentan.
A lo largo de los años habían acumulado diverso material filmado bajo el mar y buscaron cómo presentarlo al gran público. La productora navarra, 601, se interesó por el proyecto, sumándose también la pamplonesa, Dibulitoon, una productora de cine de animación y que, en este caso, embarcándose con este documental, sale de su zona de confort: “Fue una suerte que se interesasen por el proyecto”, afirma Mina.
Gracias a la empresa que dirige Ricardo Ramón, el audiovisual ha podido contar con el escritor Patxi Zubizarreta que, junto a Beatriz Iso, se ha encargado tanto del guion como de narrar las versiones en euskera y castellano, o también con la de Joseba Beristain, que se ocupó de componer la banda sonora que grabaron la coral y la orquesta de Bratislava, teniendo como solista a Aiora Renteria, de Zea Mays. Grandes profesionales, que, sumados a los que aportó 601, permitieron conformar el equipo técnico perfecto para rodar el documental.
No fue fácil, aunque no tan distinto que un rodaje en tierra. Contaron con la suerte de que las condiciones climáticas durante el periodo de grabación, entre enero de 2023 y marzo de 2024, fueron bastante favorables.
El condicionante del tiempo es real: el que un buceador puede permanecer en el agua, limitado por la capacidad de las botellas de aire comprimido que duran una hora. Si es con esnórquel o apnea, la sesión se prolonga más, hasta las dos o tres horas, cuando el operador se cansa. La carga de las baterías de las cámaras acuáticas, que hay que hacerlo en el exterior, y la visibilidad suponen otro obstáculo, porque los operadores, con buenas condiciones de luz, apenas pueden ver 15 metros en la distancia.
Pero Mina y Cruz, y el resto del equipo, superaron dificultades ofreciendo en Kantauri un mar Cantábrico de abundante vida que ha sido registrada en alta resolución con lentes de ojo de pez, permitiendo filmar animales de gran tamaño en su ambiente; con pequeñas cámaras escondidas que han captado lo imposible o mediante el uso de trípodes diseñados por el dúo de directores que han permitido obtener imágenes pese a las fuertes corrientes.
El documental se ha rodado frente a las costas de Zumaia, Mutriku, Getaria, Bermeo, Hondarribia, Lekeitio, Urdaibai y Hendaia. Asimismo, al igual que la película, que partiendo de la costa va evolucionando hacia mar adentro, filmando hasta un máximo de 20 millas náuticas, lo que equivaldría a unos 35 kilómetros. Se trata de una distancia bastante “inaccesible” y a la que sólo se puede llegar con buena mar. Fue, precisamente, en ese entorno en el que capturaron imágenes de delfines que aparecen en Kantauri. O incluso una especie marina de la que sólo se tenía constancia por contadas referencias: un marlín blanco, parecido a un pez espada muy “esquivo”.
La idea de Mina y Cruz era que Kantauri tuviese un espíritu más técnico y didáctico, para la divulgación científica, gracias a la intervención de Zubizarreta e Iso hizo que el documental se enriqueciese hacia lo poético. La cinta sigue las brazadas de la apneísta Marta Gil en el descubrimiento de la riqueza ecológica que alberga el Cantábrico. “El gran valor que tiene el documental es lo que en él se ve, los organismos que habitan en el azul”, concluyen los realizadores. Imperdible.
María Molina