Crítica
Público recomendado: +16
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En tiempos de biopics musicales que parecen cortados por el mismo patrón -genio incomprendido, adicciones, redención-, el director Ido Fluk nos entrega una pequeña joya que desafía los moldes del género con una audacia serena. Köln 75 no se obsesiona con la figura del virtuoso, sino con aquella que hizo posible el milagro. Esta es la historia de Vera Brandes, una joven promotora de apenas 17 años que, con una mezcla de intuición, terquedad y amor por el jazz, convirtió un cúmulo de errores logísticos en uno de los conciertos más legendarios de la historia: el “Köln concert” de Keith Jarrett.
Fluk mira desde el margen, desde lo que casi no se ve. No nos coloca frente al pianista absorto en su universo creativo, sino tras bambalinas, junto a Vera, mientras corre por pasillos, improvisa soluciones y persuade a técnicos escépticos. “No me interesa hacer copias”, confiesa el director, y esa decisión se traduce en una película que respira autenticidad. Köln 75 no imita; improvisa. Como el propio concierto que retrata, su estructura narrativa fluye sin red de seguridad, dejándose llevar por el ritmo interno de su protagonista. Hay una sensación de movimiento constante, de latido interior, que el montaje, obra de Anja Siemens, traduce en imágenes con la misma libertad con la que un músico se lanza al abismo del escenario.
El resultado es una obra que vibra con la intensidad de lo real. Fluk compone con cámara y guion como un baterista que no busca aplausos sino verdad. No hay en su mirada condescendencia ni subrayados: simplemente deja que Vera brille. Y lo hace. No como heroína perfecta, sino como joven que duda, tropieza y se levanta con una energía que arrastra. La película le rinde tributo sin solemnidad, con la misma rebeldía lúcida que marcó a toda una generación de mujeres que rompieron techos invisibles en los años 70.
Köln 75 es también un canto a lo efímero. ¿Puede haber algo más puro que un recital improvisado, irrepetible, sin partitura? Fluk lo compara con una oración, con ese momento en que el artista se expone sin máscara ante un público que no sabe lo que está a punto de suceder. En esa fragilidad hay una verdad que el cine suele temer, pero Ido la abraza. Aunque sea de refilón, es aquí donde se hallan las entrañas de la película.
La película, aunque no desecha del todo la esencia mitómana que supuso el concierto de Colonia y toda la leyenda que hubo en torno a él, realmente documenta el evento icónico que fue y pone el foco en lo que la historia suele dejar fuera del encuadre: una adolescente que creyó en la música y en sí misma, proyecto, por cierto, liderado por mujeres (producción, montaje, dirección artística).
Köln 75 no grita. No necesita hacerlo. Basta con dejar que su tempo -femenino, valiente, deliberado- nos acompañe como una melodía que, sin darnos cuenta, nos inspira la belleza de luchar por un ideal, en favor, y solo eso, de la música.
Rosa Die Alcolea
https://www.youtube.com/watch?v=l5EJqwP71DA