Crítica
Público recomendado: familiar
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Hay formas y formas de despedirse de la gran pantalla, pero solo los más grandes saben hacerlo de la forma adecuada, esto es, con un papel a su altura. Es exactamente lo que han hecho Michael Caine y Glenda Jackson en La gran escapada con dirección de Oliver Parker y guion de William Ivory, quienes demuestran que, muchas veces, menos es más y que lo importante, siempre, es la historia.
En el verano de 2014, Bernard Jordan (Michael Caine), un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 89 años, se escapa de su residencia en la que vive junto a su mujer Rene (Glenda Jackson), para unirse a sus compañeros veteranos de guerra en una playa de Normandía, conmemorando a sus camaradas caídos en el 70 aniversario del Desembarco del Día D.
Vamos a decirlo lo primero para que nadie se haga el despistado y todo el mundo se entere: el matrimonio de la película está basado en uno real y estuvieron juntos hasta que la muerte los separó, nada más y nada menos que 70 años. Lo que viene a decir que, si cuidas el amor de verdad, dura, y vaya si dura, porque las palabras “hasta que la muerte nos separe” o “todos los días de mi vida” tienen un significado, sagrado si además se hace en el altar ante Dios.
Pero la película no se queda ahí (aunque con eso ya sería más que suficiente sobre todo en los tiempos que vivimos), cuenta muchas más cosas y muy interesantes, como que los veteranos hicieron un inmenso servicio a la patria, que nosotros vivimos en paz porque otros se jugaron la vida y vivieron infiernos que los demás no podemos ni imaginar, y que esos infiernos pueden dejar secuelas de por vida y deben entenderse, respetarse y, llegado el caso, tratarse.
También que la vejez es como es, no hay que intentar ocultarla: el deterioro de los músculos, las articulaciones, los dolores… y, aunque un buen estado físico es posible y hasta deseable, la biología no perdona. No se trata de huir eternamente de la muerte sino de ser conscientes de que tu hora puede llegar en cualquier momento y lo importante es haber aprovechado bien tu tiempo y haber cuidado de los que te importaban.
Y aún hay más: que los que antaño eran enemigos hoy no tienen por qué serlo, que existe la reconciliación y la amistad si hay voluntad en ambas partes, y que la palabra dada tiene valor aunque hoy en día algunos nos hayan acostumbrado a que parezca que la mentira es un derecho y hasta un don.
Genial, por añadidura, esa pulla a algunos ciudadanos que creen que por ir deprisa o ser “sostenibles” son mejores y por ello desprecian al resto, o a esos periodistas que no tienen reparos en invadir la intimidad si con ello consiguen “la noticia” o un clic.
Michael Caine anunció con este filme su retirada de la actuación y Glenda Jackson murió en 2023 tras rodarlo. Desde luego no podían haber elegido mejor cómo despedirse de la gran pantalla porque ambos están fabulosos.
En fin, que Oliver Parker firma una película de muchos mensajes muy positivos que, al terminar, te hace sentir que puedes y deber ser mejor y que es una obligación absoluta cuidar a esa otra persona a la que dijiste “sí quiero” para siempre, pase lo que pase.
Miguel Soria