Crítica
Público recomendado: +14
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El cine coreano se ha puesto de moda en los últimos años con películas tan interesantes como Operación Chromite de John H. Lee o la premiadísima Parásitos de Bong Joon-ho. El caso es que llega a la cartelera española una cinta minimalista del surcoreano Hong Sang-soo que vuelve a contar por tercera vez con su actriz fetiche Isabelle Huppert, tras La cámara de Claire (2017) y En otro país (2012), con lo que el maridaje cultural entre Extremo Oriente y Occidente está garantizado. Se trata de una actriz que encontró en el arte dramático su tabla de salvación cuando estuvo a punto de perder la vida durante la adolescencia por no encontrarle sentido a la misma.
Las declaraciones de esta actriz sobre La viajera nos indican las claves del director: Es una declaración casi filosófica sobre lo que significa estar vivo y estar solo o no, pero también una reflexión acerca del uso del tiempo y el dinero. Me encanta la forma de rodar del director porque te demuestra que el cine puede ser infinitamente grande, pero también infinitamente pequeño.
La viajera gira en torno a una profesora de idiomas con dependencia del alcohol, que sorprende con su método de enseñanza, en el que impulsa a sus estudiantes para que expresen sus sentimientos en un idioma distinto al nativo en relación a su talento musical; las dificultades del día a día; a la importancia del dinero o a las relaciones de pareja…
Esta producción de bajo presupuesto viene avalada por el Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín 2024. Podemos afirmar como verdadero que el director trata los temas con cierta profundidad como cuando le pregunta a una alumna sobre su padre y a ella se le saltan las lágrimas porque ya ha fallecido al recordarle. No obstante, los diálogos no son ágiles y resultan reiterativos. La ambientación parece claustrofóbica porque gran parte de la trama se desarrolla en el interior de las viviendas, con lo que las conversaciones de sus alumnos se hacen eternas. Es una lástima, pues con un libreto bien trabajado el largometraje hubiese funcionado bastante mejor, ya que la idea era buena porque cuando se tocan las emociones, se establecen lazos de amistad, y quizá sea más fácil recordar una lengua por esas implicaciones emocionales.
El detalle más bonito es el de la sensación de felicidad que transmite la protagonista después de cumplir su cometido, mientras que la curiosidad la encontramos en que, como ocurría en el Hollywood clásico, los actores recibían su página del guion cada mañana unas horas antes del rodaje.
Víctor Alvarado