Los malditos

Crítica

Público recomendado: +12

Roberto Minervini retorna a la ficción con Los malditos. Hasta ahora había dirigido seis largometrajes: tres documentales y tres de ficción (los tres primeros). Su último trabajo, premiado con el premio a la mejor dirección en la sección “Un certain regard” del Festival de Cannes en 2024, trata sobre un grupo de voluntarios nordistas que, en 1862, deben guarnecer y patrullar las tierras fronterizas del oeste.

Estamos, por lo tanto, ante una cinta bélica e histórica que es, a la vez, un western. Aunque, como he dicho, se enmarca dentro de la ficción, el estilo de la cinta es –desde el principio hasta el final– muy cercano al documental. La cámara sigue a varios personajes sin que nunca tengamos la impresión clara de que alguno de ellos es el protagonista.

Los voluntarios fuman, juegan al póker y al béisbol, y hablan. Sus conversaciones son, generalmente, anodinas, pero de vez en cuando surge la cuestión de la guerra y aparecen reflexiones más o menos profundas sobre el sentido de su misión y sobre el motivo por el que participan en ella, que va desde el dinero, hasta motivos religiosos, pasando por la mera supervivencia del que no sabe muy bien qué hace ahí.

La puesta en escena es correcta y los exteriores son bellísimos. El trabajo del director de fotografía (Carlos Alfonso Corral), que además es el encargado de la música, es sobresaliente. Parece, por momentos, una película de Reygadas, Iñárritu o Malick.

El problema con la película es que carece de una intencionalidad clara y, más allá de una estética cuidada y notable, no ofrece mucho más al espectador. En ese término medio entre el drama de guerra y el documental acaba por no conseguir lo mejor de cada género. No consigue que nos veamos afectados por la crudeza de la guerra, y tampoco consigue que nos emocionemos o identifiquemos con las inquietudes o los sufrimientos de los personajes.

Tampoco es destacable como western. El otro (los sudistas) prácticamente no aparece, y uno acaba de ver la película sin haber aumentado su conocimiento sobre la Guerra de Secesión y sin haber podido experimentar no ya algo que se pueda acercar siquiera a la catarsis, sino una mínima emoción análoga a la que los personajes que aparecen en la pantalla parece que deben o pueden sentir.

Alejandro Matesanz

https://www.youtube.com/watch?v=rxoB8NjwwoA

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