Crítica
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En el siglo XIX, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós viven una apasionante historia de amor y creatividad. Emilia, una mujer adelantada a su tiempo, escribe sobre temas controvertidos mientras desafía las normas sociales, y Benito, reconocido por su naturalidad literaria, encuentra en Emilia una musa. En las apasionadas cartas que intercambian, sus palabras se convierten en la clave de su conexión y desafían las barreras de lo convencional y lo establecido.
Bajo el título de Mi ilustrísimo amigo, la directora coruñesa Paula Cons nos acerca la relación sentimental que los escritores Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós mantuvieron en vida a través de sus cartas.
El proyecto –escrito por Javier Pascual (Veneno, El Ministerio del Tiempo) y protagonizado por la gallega Lucía Veiga (Soy Nevenka, Animal) y el canario Paco Déniz (Servir y Proteger), quienes se meten en la piel de Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós respectivamente– se inspira en el libro Miquiño mío. Cartas a Galdós, obra que rescata las epístolas que los efusivos amantes se cruzaron entre 1883 y 1915, con motivo de la separación del esposo de Emilia. «Todos alucinamos con las cartas, tanto el erotismo como la sinceridad que acercaban. Nos permitieron descubrir a estos escritores a otro nivel», destaca Paula Cons, directora de Mi ilustrísimo amigo.
Rodada en Canarias y Madrid entre los meses de mayo y junio de 2024, Cons, gran amante de los hechos reales y de proyectos que cuentan con mujeres históricas silenciadas como protagonistas, afirma: «Para mí, trabajar en Mi ilustrísimo amigo, ha sido una experiencia importantísima en mi vida. Me encantan los hechos reales, trabajar con mujeres como protagonistas y me parece un privilegio poder hablar de estos dos personajes, aunque he de reconocer que impone un poco hablar de Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, pero te tienes que liberar de todo eso e ir para adelante, y yo creo que he hecho una apuesta arriesgada que está gustando», declara la directora, que tuvo gran libertad a la hora de dirigir una película que califica de «moderna, contemporánea, rompedora y original».
La relación entre la literatura de Benito Pérez Galdós y el cine es una de las más longevas y fructíferas del cine español. Desde el principio, sus novelas, con su profunda caracterización psicológica y su vívida pintura de la sociedad española del siglo XIX, han sido un filón para directores y guionistas, ofreciendo un material dramático de una riqueza excepcional.
Uno de los títulos más versátiles es Misericordia. La obra, un penetrante estudio sobre la caridad y la supervivencia en el Madrid más humilde, fue llevada al cine en 1972 por el director Armando Moreno. Sin embargo, fue la adaptación para Televisión Española en 1978, dirigida por Alberto González Vergel y con la inolvidable interpretación de Ana Mateo como Benina, la que caló hondo en el imaginario colectivo. Décadas más tarde, en 2022, la directora Helena Taberna demostró la vigencia del personaje con su propia versión.
Pero si hay una novela preferida entre las adaptaciones galdosianas, es Fortunata y Jacinta. La historia de las dos mujeres de distinta clase social unidas por su relación con Juanito Santa Cruz es la cúspide de los Episodios Nacionales, escrita como ficción realista. La adaptación más celebrada fue la miniserie de 1980 dirigida por Mario Camus para TVE. Con un guión del propio Camus y de Antonio Giménez-Rico, y actuaciones seminales de Ana Belén como Fortunata y Maribel Martín como Jacinta, esta producción no solo capturó la esencia de la obra, sino que se convirtió en un hito de la televisión en España.
La vida de la propia Pardo Bazán se convirtió en película para televisión, con Emilia Pardo Bazán, la condesa rebelde (2011), de Zaza Ceballos, protagonizada por Susana Dans.
En Mi ilustrísimo amigo, cuenta la relación como amantes entre Pardo Bazán y Pérez Galdós que duró más de 20 años, aunque seguirían tratándose como amigos después. «La película va por un lado diferente de lo que, a priori, puedas esperar. Es muy sensorial, hay muchísimo plano corto, es una película que rompe la cuarta pared y que tiene un punto muy sensual que, por momentos, roza el erotismo», añade Cons. Una «extraordinaria» Lucía Veiga que se pone en la piel de Emilia Pardo Bazán, «apela y habla, sobre todo a espectadoras jóvenes, de cosas que les pasan, que les están pasando y que les hacen conectar con ella». Por ejemplo, en cuanto a la imagen corporal de sí misma, «es una mujer con un cuerpo, supuestamente ahora no normativo, con el que está encantada, y no solo eso, también lo reivindica. Me apeteció que se viera esa realidad y acercar a una mujer que vive la sexualidad de una manera desenfadada, celebrante y divertida, una mujer que adora tanto el sexo como el sexo entre las mentes, una mujer que no está dispuesta a que nadie le dé un ultimátum y que es muy clara diciendo las cosas a un hombre, que parece que se lo dice a un hombre de la época actual», señala Cons.
La escritora fue insultada por querer entrar en la Real Academia Española; fue boicoteada cuando enseñaba en la universidad. La atacaron por cada libro que escribió… Pero nada de eso detuvo a Emilia Pardo Bazán. Este aspecto está muy bien tratado en el retrato que se hace de ella y de Benito Pérez Galdós.
Por otra parte, el universo de Galdós está repleto de personajes inolvidables cuya transición al audiovisual ha dejado una huella imborrable. Tristana es un caso paradigmático. La novela explora las tensiones entre la libertad individual y las restricciones sociales, y fue adaptada primero en 1962 por Luis Buñuel en México, con Silvia Pinal en el papel principal. Años más tarde, Buñuel volvería sobre la historia en 1970, esta vez en España, con Catherine Deneuve como Tristana y Fernando Rey como Don Lope, creando una película que es a la vez fiel y una reinterpretación muy personal del material original, Belle de jour.
Tormento, otra de sus grandes novelas, también encontró su camino a la pantalla. La dirección de Pedro Olea en 1974 supo trasladar con eficacia el drama de la protagonista, Amparo, atrapada entre su pasado y un futuro incierto, con Ana Belén asumiendo el rol principal en una de sus colaboraciones más notables con el cine de época galdosiano.
La comedia de costumbres titulada “El abuelo”, un drama sobre el honor y el cariño verdadero, fue adaptada en 1972 por José Luis Gamboa y, de manera más prominente, en 1998 por José Luis Garci, con una poderosa interpretación de Fernando Fernán Gómez que le valió numerosos reconocimientos. La lista se extiende con títulos como Marianela, adaptada en 1972 por Angelino Fons y en numerosas ocasiones para televisión; Nazarín, otra obra que atrajo la mirada de Buñuel en 1959; La duda, dirigida por Rafael Gil; y La de Bringas, de nuevo bajo la dirección de Olea.
Emilia Pardo Bazán, con su indomable carácter y su aguda crítica social, ha trascendido el ámbito literario también para reclamar su espacio en la pantalla. No tan extensamente como Galdós, pero la potencia de sus narrativas, que diseccionan sin piedad la condición de la mujer en la España del siglo XIX, ha dado lugar a adaptaciones tan significativas como Los pazos de Ulloa. Esta novela, un drama rural y pasional ambientado en Galicia, se convirtió en un hito de la televisión española con la miniserie de 1985. Dirigida por Gonzalo Suárez, la producción capturó con maestría la atmósfera opresiva y gótica de la historia, donde los impulsos humanos chocan con los rígidos códigos del honor. La interpretación de Omero Antonutti como el huraño marqués de Ulloa y de Charo López como la desdichada Nucha quedaron grabadas en la memoria de toda una generación.
Seguirían más adelante las versiones en la segunda mitad de los años 40, de La sirena negra, de Carlos Serrano de Osma, y Un viaje de novios, de Gonzalo Delgrás, ambas estrenadas en 1948. José Luis Sáenz de Heredia dirigió El indulto, en 1960.
El acercamiento a un amor maduro, con su componente sexual e intelectual contado con naturalismo, como sus novelas, tal y como se cuenta en MI ilustrísimo amigo, se dio a conocer en el Festival de Cine de Las Palmas a finales de abril de este año, y ha tenido un gran recorrido por festivales internacionales, con diferentes galardones en algunos de ellos, como el premio a la mejor película en el Berlin Women Cinema Festival; a mejor actriz para Lucía Veiga en el Festival de Cine de Ourense; el del público a mejor largometraje y una mención especial del jurado en el Festival de Cine de Madrid; así como el reconocimiento de mejor fotografía en el Miami Women Film Festival y el Montreal Women’s Film Festival.
María Molina