Michael

Crítica

Público recomendado: +7

“Michael”, de Antoine Fuqua, es, o pretende ser, un biopic, un musical y un homenaje. Como musical es aceptable pero redundante, como biopic es un fraude y como homenaje es superfluo.

A nivel cinematográfico, lo lógico es que el género que deba prevalecer, tanto en la realización como el análisis, sea el biopic. El musical, cuando trata sobre la carrera de un artista real, no tiene su mejor expresión posible en una película, ya sea porque si queremos escuchar a Michael Jackson lo podemos hacer directamente, porque los espectáculos musicales en vivo serían mucho más efectivos, o porque en el caso que nos ocupa no es fácil desconocer que existe una cohorte de imitadores dispuestos a tributar al rey del pop, aunque es cierto que debe de ser difícil encontrar a alguien que lo haga con la habilidad de Jaafar Jackson (sobrino del homenajeado y protagonista de la película).
El homenaje, por otro lado, puede realizarse de muchos modos diferentes y desde luego éste no es el mejor, no tanto porque el formato sea cinematográfico, sino por la pueril manera de abordarlo. 

¿Por qué, como biopic, es un fraude? Primordial y fundamentalmente porque en vez de ser una presentación creíble, equilibrada e inteligente de la vida del artista, es una hagiografía patética, incompleta y manipuladora. El leitmotiv de la cinta –que comienza cuando el protagonista tiene ocho años- es el contraste entre el sufrimiento que le inflige su padre (buena actuación de Colman Domingo), las consecuencias indeseadas de su propia fama (cuando su madre le dice que le gustaría que se relacionara con normalidad con niños de su edad él le contesta que eso no es posible porque lo único que esperan de él es un show) y su -literalmente- divino talento y sobrehumana fuerza de voluntad y abnegación. El subrayado de la condición sobrenatural de sus dones, algo que como es obvio no podemos negar (¿qué tenemos que no hayamos recibido?), sólo sirve narrativamente para construir una hagiografía cuya pretensión, al menos aparentemente, no es otra que la de ensalzar al protagonista a lo más alto del panteón de los dioses seculares de la cultura popular. Está bien que aparezca todo lo bueno que hizo (visitas constantes a enfermos en hospitales, sacrificios por su familia…), pero no es serio que no sólo no aparezca ninguna oscuridad que no sea la de su padre Joseph (que aparece literalmente como el capitán Garfio que sólo existe para importunar al impoluto Peter Pan), sino que se corte el relato antes de los años 90 cuando tiene lugar la que seguramente sea la etapa más difícil y a la vez más polémica que vivió el artista. No es que la cinta apueste por la separación de vida y obra, es que directamente corta y manipula una vida para que ni siquiera se pueda cuestionar la relación. 

No hay duda de que la película es disfrutable. Te guste o no Michael Jackson (a mí no me gusta) es innegable que fue un genio musical. Escuchar algunas de sus mejores canciones no es desagradable (a veces es difícil o casi imposible no emocionarse contemplando una capacidad vocal y coreográfica tan apabullante) y por eso la película no es una pérdida de tiempo, pero no se ha dado la oportunidad al espectador de poder conocer cabalmente el itinerario vital de uno de los artistas más famosos de la historia.

Alejandro Matesanz

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad