Minions & Monsters

Crítica

Público recomendado: familiar

Hay veces en las que un personaje secundario logra tanto éxito que consigue productos para él en exclusiva. Veamos un par de ejemplos: Hugh Jackman interpretó tan bien a Lobezno en X-Men y secuelas (Bryan Singer, 2000) que al poco tiempo tuvo su propia película dedicada, X-Men Orígenes: Lobezno (Gavin Hood, 2009) y es el mutante estrella de la saga. También está el gato con botas que salió en Shrek 2 (Andrew Adamson, Kelly Asbury, Conrad Vernon, 2004) y que tuvo dos películas dedicadas. Pues bien, pasa exactamente igual con los minions, estos adorables seres pequeños y amarillos que hicieron su aparición en Gru, mi villano favorito (Pierre Coffin, Chris Renaud, 2010) y que con Minions & Monsters estrenan su tercera película como protagonistas.

La desvergonzada, disparatada y verdadera historia de cómo los Minions conquistaron Hollywood, se convirtieron en estrellas de cine, lo perdieron todo, soltaron monstruos en el mundo y acabaron uniéndose de nuevo en un intento de salvar el planeta del desastre que ellos mismos habían creado.

Funciona muy bien esta película a pesar del desgaste de la saga Gru y de las dos anteriores de Minions, y es gracias a que estos seres son muy divertidos y sus trastadas siempre vienen acompañadas de risas y de un buen trabajo en equipo. Y sin duda lo que mejor funciona es el descarado, continuo y emotivo homenaje al séptimo arte que se hace desde el principio hasta el final, porque los directores Pierre Coffin (también guionista) y Patrick Delage llevan el guion del mismo Coffin y de Brian Lynch al terreno del citado homenaje a un arte que lleva muchas décadas dando historias mágicas de todo tipo, con grandes nombres como George Lucas (se le ve y todo) y obras maestras como Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Igualmente se recuerda y se parodia de forma tronchante el absoluto desastre inicial que fue el cine sonoro para muchos actores que eran incapaces de hablar con una dicción adecuada o que tenían unas voces que no acompañaban unos físicos de ensueño. Hay un momento especialmente logrado de cine “acelerado” que retrotrae a los mejores tiempos de cine mudo en el que no hacían falta verborreas ni bromas subidas de tono para lograr soltar carcajadas. Y otro con un guiño al mítico T-1000 de Terminator 2: El juicio final (James Cameron, 1991) que es sublime.

Hay una fantástica pulla a lo rápido que se puede triunfar en Hollywood si caes bien a algunos… y lo rápido que se cae en desgracia si se deja de caerles tan bien, en ese sentido es genial la frase que hace referencia a “amigos que en realidad jamás volverán a hablar”. No conviene pasar por alto ese recordatorio de que en aquellos años el cine era analógico con fotogramas en formato físico (y aún hoy en día, por fortuna, se sigue dando), algo que directores como Christopher Nolan llevan a gala rodando sus películas así y animando a la gente a ir al cine a salas con esa tecnología en funcionamiento para tener la experiencia óptima.

El resto de la trama se dedica a mostrar las alocadas aventuras de los minions buscando un jefe malvadísimo al que servir y metiendo la pata una vez tras otra poniendo patas arriba todo a su paso.

Por poner una pega, aunque no es grave: sobra esa cesión a la ideología de género según la cual hombres y mujeres somos iguales, porque a la frase le falta “ante la ley” ya que cualquiera sabe que física y emocionalmente somos muy distintos, si no no tendría sentido la existencia de dos géneros. “Varón y mujer los creó”, como bien dice el Génesis 1:27 en la Biblia.

En todo caso eso no empaña una película muy divertida, frenética y muy bien hecha (la calidad técnica alcanzada por Illumination es fabulosa) que pueden ver padres e hijos sin problemas.

Miguel Soria

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