Mortal Kombat II

Crítica

Público recomendado: +18

La saga Mortal Kombat es un clásico de los videojuegos. Se podría decir que es el rival de la mítica Street Fighter. Y, al igual que su rival, ha sido llevada varias veces al cine y, al igual que su rival, sus resultados han sido horribles hasta hace poco, quizás porque las películas se tomaban demasiado en serio a sí mismas, quizás porque no daban con el tono. Por fortuna todo cambió en 2021 cuando Simon McQuoid ofreció una versión muy ligera y adecuada que, sin ser la panacea, cumplió con lo que se le pedía: combates espectaculares y sangre. Ahora, en 2026, entrega un “más y mejor” que hace justicia al videojuego.

En esta ocasión, los campeones favoritos de los fans, ahora acompañados por el propio Johnny Cage, se enfrentan cara a cara en la definitiva y sangrienta batalla a muerte para vencer al oscuro régimen de Shao Kahn, que amenaza la existencia del Reino de la Tierra y a sus defensores.

Cuando una persona adulta, en su sano juicio y con adecuada comprensión lectora va al cine a ver una película llamada Mortal Kombat II y ha tenido el acierto de informarse previamente de qué va, sabe perfectamente lo que va a ver. Porque, aunque no se conozcan los videojuegos, una breve búsqueda en Internet durante no más de 5 minutos permite hacerse una idea de lo que va todo esto, y el asunto es fácil: llevar a la gran pantalla violentos y sangrientos combates con una historia mínima para que las batallas tengan un nexo de unión. No tiene más, y sinceramente, no hace falta más.

McQuoid dirige el guion de Jeremy Slater reuniendo al anterior elenco e incorporando a uno de los personajes más famosos del juego: el actor de Hollywood Johnny Cage, interpretado por Karl Urban. Pues bien, el resultado es fabuloso ya que Urban lo clava, lo cual no es de extrañar viendo sus desvergonzados papeles en el cine. Si hay alguien hecho para un papel, ese es Karl Urban como Johnny Cage, así que el responsable del reparto merece un ascenso.

No hay menos acierto al meter mucho metacine (maravillosa la presentación de Cage), bromas continuas, autohumor y referencias constantes a la cultura popular, desde El Señor de los Anillos a IT, todas bien introducidas y casi todas hilarantes. Vamos, que los pequeños trazos de seriedad que tenía la primera película aquí brillan por su ausencia, y ese es el gran acierto del filme, que nunca se toma en serio a sí mismo y es caradura hasta decir basta. Incluso la pulla hacia los youtubers y la broma sobre cierto actor muy de moda por su personaje triste e implacable son geniales. Y aun así hay pequeñísimas reflexiones sobre el amor familiar, el heroísmo y el sacrificio que se agradecen y no sobran.

Como era de esperar, los combates son fiel reflejo de lo que vemos en los juegos, tanto en los encuadres como los movimientos y, por supuesto y no podía ser menos, los ‘fatalities’, esto es, los devastadores movimientos finales para finiquitar a un contrario en las últimas de la manera más sangrienta posible. Tampoco faltan las míticas frases de “finish him” o “come over here”, aunque sorprende que se digan en inglés cuando en la primera película fueron en español. Hablando del doblaje, lo que es absolutamente reprochable es que ahora se insista en traducir “fuck*ng Johnny Cage” como “Johnny Cage” y una blasfemia, cuando toda la vida ha sido otra palabra que no diremos aquí pero que no es dicha blasfemia. Los traductores y adaptadores siguen demostrando una carencia total de educación y respeto.

Son casi dos horas de metraje pero, sinceramente, nunca se hacen largas. El ritmo es trepidante (ya no se andan con rodeos), los efectos especiales son muy buenos en general (con algún fondo mejor que otro) y los combates cumplen sobradamente. Se podría decir que es una de las “mejores” adaptaciones de videojuego hasta la fecha, o al menos que cumple con lo que promete. Por supuesto no es en ningún caso para familias ni niños, solo apta para adultos con buen estómago y fans de la saga que no tengan reparos en apagar el cerebro y dejarse llevar por el festival de combates y humor. No es de sorprender que el final “amenace” con una tercera entrega.

Miguel Soria

 

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