Crítica
Público recomendado: +18
![]()
La Nouvelle Vague no fue un movimiento con un manifiesto formal, sino una “revolución en la forma de hacer cine”, esclareció André Bazin, uno de los principales integrantes de esta “ola” y fundador de la revista Cahiers du cinema. El movimiento francés surgido a finales de los años 50 producía “películas personales, de bajo presupuesto, rodadas en locaciones reales, con una estética fresca y una actitud crítica hacia el cine tradicional”.
Aunque no existe una evidencia directa de la influencia de esta corriente cinematográfica en No hay amor perdido, Erwan Le Duc aporta una huella muy singular y una poesía visual en su narrativa que recuerdan la frescura y la innovación características de la Nouvelle Vague. Concretamente, la personalísima manera de rodar y montar del francés, en ocasiones abrupta o sin responder a un orden lógico.
No hay amor perdido, o La Fille de son père en su título original, es una película francesa producida en 2023 dirigida por Erwan Le Duc, director del largometraje Perdrix (2019), con el que se dio a conocer en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes de 2019, y de la serie de TV Bajo control (2023). En esta ocasión, el director francés explora en su segunda película la relación entre Étienne (Nahuel Pérez), un joven padre soltero, y su hija Rosa (Céleste Brunnquell), mientras ambos enfrentan cambios significativos en sus vidas.
El director aporta una sensibilidad particular, utilizando una estética visual que complementa la narrativa y resalta las sutilezas de las relaciones humanas, enfatizando las pasiones y represiones, los impulsos artísticos y creativos de los personajes, y un sentido del humor elegante y sarcástico en repetidas ocasiones.
Seleccionada como película de clausura de la 62ª edición de la Semana de la Crítica de Cannes y nominada al Premio César a Mejor actriz revelación para Céleste Brunnquell, estamos ante un emotivo drama social y sentimental con tintes de comedia sobre la relación de un padre y una hija en plena encrucijada tras el abandono de la infancia y del nido familiar por parte de la joven.
La actuación de Nahuel Pérez Biscayart en la piel de Étienne ha sido elogiada por su autenticidad y profundidad emocional. El actor argentino está consolidando su carrera internacional de manera transversal gracias a producciones como Un año, una noche (España, Francia y Estados Unidos) o El Jockey (Argentina, España, México, Dinamarca y Estados Unidos), mientras Céleste Brunnquell (Un verano con Fifí), Maud Wyler(Tiempo compartido) y Camille Rutherford (Anatomía de una caída) acompañan en el reparto.
En conclusión, una película amable, original en la forma y aguda en su narrativa que destaca por su enfoque en las complejidades de las relaciones familiares y la exploración de los lazos entre padres e hijos.
Rosa Die Alcolea