Crítica
Público recomendado: +12

Ignacio Estaregui retorna al largometraje siete años después con su cuarta película, una road movie en bicicleta titulada Rider. Su propósito es retratar la noche a través del filtro de la soledad, el aislamiento y la búsqueda de un sentido en la sociedad occidental actual. Es curioso porque la escritura del guion nace del propio director zaragozano, quien, habiéndose cruzado en varias ocasiones con la misma repartidora nocturna, se preguntó qué había bajo ese uniforme al que nadie presta atención. En definitiva, una trama local que transpira una historia universal.
Nos ponemos frente a Fío, una joven dominicana que cursa un máster mientras trabaja como repartidora. El asunto es que, ante la precariedad económica, pide prestada la licencia y la bicicleta a su compañera de piso para lanzarse a una noche que se convertirá en una pesadilla. Será un encargo ilegal el que la arrastrará a un ciclo de peligro y suspense, rodado todo en tiempo real y sin la luz del sol, convirtiendo Zaragoza en un protagonista más de este siniestro juego.
Todo el frenesí que se respira en Rider viene dado por una cámara en constante movimiento, testigo del viaje de Fío, personaje que se sumerge por completo en una atmósfera agonizante que contagia al público. La fotografía nutre esta sensación claustrofóbica con planos cerrados, en contrapeso a las capturas abiertas de una ciudad sin descanso. En esta línea, la música y el montaje subrayan la tensión con el fin de que el pulso no pierda fuerza.
Es interesante observar cómo el guion está construido también a partir de testimonios de riders migrantes reales, lo que contrasta fantásticamente con el punto del thriller. Esta mezcla atraviesa el corazón del subtexto, porque interpela a la misma Fío por medio de conceptos como dignidad humana, identidad y lazos frente a la tribulación. No es difícil contemplar cómo la joven se enfrenta a los clásicos dilemas morales sobre justificar medios o emprender atajos para llegar a culminar su propósito. Serán la fidelidad a su propia persona y el camino angosto los puentes para encontrarse. Una parte hermosa de todo este relato es la relación de Fío con Bernie, una comunión de mujeres migrantes convertida por emergencia en familia improvisada, lo que insufla humanidad a la cinta.
Lo mejor del fondo de Rider está en su invitación a reflexionar sobre el precio que uno está dispuesto a pagar por sobrevivir, la distancia que recorrería para alcanzar la meta, así como repensar ideas como la mentira o la exclusión. El filme no se regodea en el morbo ni explota la violencia con fines deshonestos; la banalidad no tiene cabida en esta ocasión. Todo lo que ocurre cobra peso narrativo pleno hacia lo dramático y moral de las situaciones que se presentan, jamás dando pie a trivializar las cuestiones planteadas.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=suf9ctQvLYw&ab_channel=BeginAgainFilms