Crítica
Público recomendado: +12

Está muy bien que el cine hable de la salud mental y de los prejuicios que se pueden tener cuando no se conoce bien el tema. La reciente Thunderbolts* lo trataba desde la óptica de los antihéroes y lo hacía correctamente, pero aquí tenemos una apuesta patria capitaneada por Santiago Requejo y es aún más interesante porque con muchos menos medios y una duración muy ajustada, 88 minutos, logra que nos interesemos por la trama y los personajes.
En un edificio del centro de Madrid, una comunidad de vecinos se reúne para votar el cambio de ascensor. Sin embargo, la noticia inesperada de que un nuevo inquilino con problemas de salud mental va a alquilar el piso de uno de los propietarios, cae como una bomba en la reunión, que toma un inesperado rumbo.
Vamos a lo importante: Requejo adapta su propia obra, antes cortometraje (Votamos, 2021) y luego obra de teatro, la convierte en largometraje y acierta de lleno. Es importante decirlo ya de entrada porque el cine español echa atrás, y con razón, a mucha gente, harta de lo chusco y fácil a lo que nos tienen acostumbrados muchos guionistas y directores. Pero él, inteligente guionista, productor y director, sabe cómo meterse al respetable en el bolsillo rápidamente, sin perder el tiempo, gracias a unos actores perfectamente metidos en sus papeles (Raúl Fernández de Pablo, Clara Lago, Tito Valverde y todos los demás lo bordan) y diálogos ingeniosos llenos de credibilidad que se podrían decir en cualquier junta de vecinos, famosas porque las chispas suelen saltar con bastante facilidad.
Lo bueno es que todos tienen tiempo para exponer sus motivos, a favor y en contra, de que el inquilino alquile el piso, y ya estén equivocados o no, todos los razonan correctamente, algo esencial para que el espectador pueda empatizar con las distintas posturas, aunque luego éstas empiecen a derivar en frases que sean absurdas, pero ¿no es así como muchas veces discutimos sin darnos cuenta, dando argumentos que, si nos paramos a pensar, son absolutamente peregrinos? Para ello Requejo vuelve a sobresalir al usar un lenguaje lingüísticamente impecable, sin innecesarias repeticiones llevadas por lo políticamente correcto y sin blasfemias de ningún tipo. Solo por eso debería llevarse el premio a mejor guion adaptado.
Hay maravillosas frases como “mi enfermedad no me define como persona” o “cómo votar sin conocerle”, torpedos en la línea de flotación para mucha gente que juzga sin pararse a pensar y sin haberse informado mínimamente de algo. Pero es que no se queda ahí y también habla sobre “la mochila” que en realidad todos llevamos cuando estamos intentado aparentar que somos modelos de conducta, haciendo perfectamente válida la frase del Evangelio “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Nadie se salva de un examen a fondo y los mismos que intentan juzgar a un desconocido están llenos de defectos bastante peores que el supuesto “error” que arrastra el aludido.
Requejo redondea el círculo haciendo reflexionar sobre la democracia y además denunciando una injusticia social y económica que no es cuestión de desvelar. Existe, aunque sea políticamente incorrecta y muchos prefieran silenciarla o incluso justificarla con argumentos supuestamente “progresistas” o “feministas”.
En definitiva, Votemos es una nueva muestra de que el cine español tiene ‘rara avis’ que merecen una oportunidad. Habla de la salud mental con elegancia y sabiduría mezclando magistralmente comedia y drama y además ajustándose a una corta duración gracias a la cual no se hace larga ni aburre. Cine español así, sí.
Miguel Soria