Sight: Camino a la luz

Crítica

Público recomendado: +10

Historia basada en hechos reales sobre el doctor Ming Wang, de origen chino, que realizó el primer implante de córnea artificial con láser del mundo en un paciente que llevaba 13 años ciego; fue en el 2007 en Nashville, Tennessee (EEUU).

La película está basada en la autobiografía del propio Ming Wang, From Darkness to Sight, donde relata su traumática salida de una China convulsionada por la revolución comunista, su establecimiento en los Estados Unidos, sus asombrosos logros académicos en Harvard y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y cómo, finalmente, se convierte en un cirujano oftalmólogo de renombre que ha devuelto la vista a miles de pacientes en todo el mundo.

Dirigido por el joven Andrew Hyatt, La última luz (2014), Llena de gracia (2015), Pablo, el apóstol de Cristo (2018). El director en una entrevista animaba a al público a ir a ver la película porque, aseguraba, vivimos en un mundo oscuro y necesitamos desesperadamente historias reales e inspiradoras. Y ciertamente Sight: Camino a la luz es una de ellas.

La historia muestra la lucha del doctor Wang para mejorar la vista de sus pacientes y cómo se abre camino arrastrando un pasado traumático, del que se vale para mejorar el presente. Arranca la película revelando la crueldad de la codicia, con prácticas como provocar la ceguera a una pequeña niña arrojando en sus ojos ácido sulfúrico, para ponerla a mendigar por las calles de la India y lograr así un mayor beneficio económico de su explotación.

Tiene buena factura visual, aunque, en ocasiones, la cámara resulta algo estática, parece buscar una inteligibilidad que se hace un poco pesada, como en el ahogo por un alimento de uno de los personajes en un bar o en la paliza que los soldados revolucionarios dan a un anciano, donde la planificación es tan comedida que resulta afectada.

Terry Chen logra un convincente doctor Wang asentado en EEUU, con la estupenda réplica de su compañero de trabajo interpretado por el oscarizado Greg Kinnear, que, sin embargo, en la historia está algo desaprovechado. Destaca la inocencia que transmite el personaje de la niña Kajal (Mia SwamiNathan), quien, en la vida real, fue una gran inspiración para el doctor Wang en sus trabajos e investigaciones.

Una película con mucho interés humano, pero que no termina de acertar al encajar todas sus piezas, pues la trama da demasiados vaivenes entre el presente y el pasado con desigual acierto. El propio director asegura que tuvo mucha dificultad para sintetizar tantos acontecimientos en menos de dos horas de película y quizás dejó algún pasaje que podría haberse ahorrado. Con todo es una estupenda apuesta que da a conocer una historia real, sorprendente e inspiradora.

Javier Figuero

https://www.youtube.com/watch?v=Y-rmgaaPv6A

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