Sirât

Crítica

Público recomendado: +16

Haya caído su última obra en mayor o menor gracia, nadie puede negar que Oliver Laxe se ha confirmado en Cannes como una de las firmas más especiales del panorama internacional. Para la edición de 2025, el director hispano-francés ya sabía lo que es dejar huella en el festival más prestigioso del planeta, por lo que ese Premio del Jurado ha sido de lógica imperante tras marcar paso con Mimosas y, sobre todo, Lo que arde. Con Sirât tenemos una odisea existencial que mezcla drama familiar y esencia espiritual en una road movie desértica.

La premisa nos sitúa frente a Luis y su hijo Esteban, llegando a una rave aislada en las montañas de Marruecos en busca de Marina, hija y hermana respectivamente, que desapareció hace un tiempo en una de esas fiestas celebradas al amanecer. La cruda odisea se transformará en una catártica travesía frente a límites, desasosiego y esperanza.

Un aspecto interesante de esta película es el fantástico mix de actores profesionales de la talla de Sergi López (cuatro veces nominado al Goya) y recién estrenados, como pueden ser los personajes que en la vida real son raveros, lo que aporta una autenticidad inusual. En esta línea, el espectador puede acercarse con más verdad al asunto que se presenta, respirar el desgarro que brota entre el tono documental y la ficción de la cinta. A esto ayuda una estética sensacionalmente injertada en la narrativa. Empezando por la fotografía, que captura el desierto marroquí como un protagonista absoluto de la historia, otorgándole cualidades próximas a lo místico; siguiendo por una cámara que obedece a planos largos y persigue una textura arenosa, ahogada por la luz asfixiante del sol; por último, el entorno bello y hostil, nutrido por una puesta en escena sobria e hipnótica, contagiada de un diseño sonoro enteramente inmersivo. En este sentido, es posible entrever un extraño combate ritual entre amenaza y paz.

Me gustaría apreciar el detalle narrativo de centrar la narración en el proceso interior de los personajes. El misterio ha de resolverse, sí, pero el avance radica en vivir el presente e intuir el futuro. Es en esa imparable disyuntiva de sudor y espejismos donde se genera el pulso a la tensión vital, y por ello el guion se enfoca en las relaciones humanas, en los silencios y las incomunicaciones. Sirât es una profunda reflexión sobre pérdida y esperanza; su mismo nombre nos habla, aunque en tradición islámica, del puente entre novísimos. Hay una clara referencia a pasar, cruzar puertas, buscar sentido y redimirse. Los personajes de esta obra cinematográfica son seres heridos que anhelan consuelo en la pertenencia.

Dirigiéndome a sensibilidades más delicadas, debo señalar que la segunda parte de la película se sumerge en una espiral de violencia impactante, nunca banal y con pleno sentido narrativo. Una especie de clamor emocional y social en clave de denuncia, exenta de morbo o edulcoramiento, casi como sugerente pero siempre incómoda por su propia significación.

En definitiva, Sirât es un sí rotundo por su riqueza cinematográfica, una apuesta que reta, agita y seduce, un viaje sin respuestas fáciles donde sufrimiento y esperanza conviven. Podríamos decir que Oliver Laxe ha deslumbrado con su pieza más incisiva y arrebatadora, que impulsa a cruzar el desierto que es la vida, en busca de una verdad que, aunque dolorosa, sana.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=MB6SL4gsldc&ab_channel=MovistarPlus%2B 

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