Crítica
Público recomendado: +16
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El tema del cuestionamiento de las prácticas de la Iglesia católica es muy recurrente en el cine, y tiene cierto sentido si nos paramos a pensar: es la única religión que ha sobrevivido más de 2.000 años en el mundo, la más antigua, y sin visos de desaparecer por motivo alguno. Tanto tiempo entre nosotros, lo normal es que se cometan muchos errores, algunos muy graves, dado que tiene doble componente: divino y humano, y los humanos somos capaces de lo mejor… y de lo peor. Esta nueva producción belga-irlandesa, bajo la dirección Tim Melants, con guion de Enda Walsh y producción de Matt Damon y Ben Affleck, basándose en la novela homónima de 2021 de Claire Keegan, aborda una historia real: las “Lavanderías de la Magdalena” en Irlanda, donde tuvieron lugar horribles crímenes contra la integridad y la salud de madres solteras.
En 1985, en vísperas de Navidad, en un pequeño pueblo del condado de Wexford, Irlanda, Bill Furlong trabaja como comerciante de carbón para mantenerse a sí mismo, a su mujer y a sus cinco hijas. Una mañana temprano, mientras reparte carbón en el convento local, hace un descubrimiento que le obliga a enfrentarse a su pasado y al silencio cómplice de un pueblo controlado por la Iglesia católica.
Vaya por delante que reconocemos el mérito de Melants de no regodearse en lo aborrecible que tuvo lugar en esas lavanderías, donde se encontraron hasta cadáveres, y de no mostrar nada que haga que el público quiera apartar la vista de la pantalla. Sí, hay algunos planos incómodos de mujeres trabajando en malas condiciones, pero son muy fugaces, así que se agradece la contención y que el resto se deje a la imaginación.
La apagada fotografía de Frank van den Eeden logra transmitir el ambiente de pobreza y dureza que envuelve todo, en barrios humildes donde unos sencillos zapatos un poco más elegantes que la media son un caro capricho para el que hay que ahorrar mucho. Y entre tanta humildad destaca la humanidad y la caridad del protagonista, alguien capaz de fijarse en el sufrimiento de una chica embarazada fuera del matrimonio, aunque por el camino esté el encanto del frío y sucio dinero y alguna que otra amenaza de alguien que no predica con el ejemplo de lo que dicta la fe que asegura profesar y practicar. Por supuesto también está la denuncia social del silencio cómplice de aquellos que saben ciertas cosas pero por miedo o egoísmo prefieren mirar hacia otro lado.
A pesar de la caridad y del “buen” trato a un tema tan espinoso, el problema principal es que toda la película es muy fría, no logra hacer que empaticemos ni con el protagonista Bill Furlong (siempre excelente Cillian Murphy, que dice más con sus ojos y sus silencios que con sus escasas frases) ni con ningún personaje. Es un filme de muy pocos diálogos, casi todo se da a entender con miradas, reacciones y flashbacks de Furlong que relatan su dura infancia y juventud, despreciado por otros chicos, hijo de madre soltera y acogidos ambos por una señora rica muy generosa. Los pocos personajes que tienen algo de protagonismo no tienen tiempo para desarrollar su personalidad, están vagamente dibujados con unos pocos trazos, algo lógico en una película que supera, por poco, los 90 minutos.
Así que Melants, aunque habla de la caridad y critica las atrocidades que cometieron algunas monjas en su momento, no logra ni emocionar ni remover conciencias. Cuenta lo que cuenta de forma excesivamente distante y firma una película que, desde luego, no pasará a la posteridad ni será recordada de forma alguna.
Miguel Soria