On falling

Crítica

Público recomendado: +16 

El primer largometraje de la portuguesa Laura Carreira, On falling, es un relato conmovedor e interpelante sobre la vida en nuestra sociedad actual, capaz de explotar emocionalmente a sus miembros con trabajos alienantes. En este sentido podría considerarse una actualización de Tiempos Modernos, (Charlie Chaplin, 1936), aunque muy lejos del humor burlesco de la obra de Chaplin. El tono de On falling es profundamente desesperanzado, porque, aunque se centra en la vida cotidiana de Aurora, una emigrante portuguesa, simbólicamente nos muestra la alienación de la sociedad en general. 

Aurora trabaja como preparadora de pedidos en un almacén. A través de ella, de su aislamiento entre un cliente al que desconoce y la estructura jerárquica empresarial a la que no ve jamás, la película pone de relieve el agotamiento emocional que provoca un trabajo repetitivo carente de creatividad y cómo el individuo, convertido en una pieza más de una correa de transmisión, se va aniquilando paulatinamente como persona. La historia evoca el cine social de Ken Loach, aunque, en el caso del film de Carreira, la protagonista no es sólo víctima de otro, sino también de sí misma, que se ha insertado totalmente en la corriente embrutecida del entorno. 

Carreira se centra en una historia concreta, la de Aurora, para mostrar lo duro que puede llegar a ser, para un individuo agotado anímicamente por la deshumanización de su trabajo, la lucha por un sueldo que le permite apenas subsistir. Pero lo particular simboliza lo general y el mensaje de la película destaca el contexto social más que el desarrollo individual. En el trabajo Aurora está aislada (y puede culparse de ello a la organización abusiva y explotadora de la empresa), pero en su vida privada está sola porque la sociedad de la que ella forma parte es incapaz de crear relaciones, más allá de saludarse o hablar de las series preferidas. La incomunicabilidad de hoy en día queda patente en las escenas en las que, a pesar de que los personajes están próximos, los vemos consultando sus respectivos teléfonos en lugar de interactuar entre ellos. Tantas soledades, unas junto a otras, sumidas en sus respectivos teléfonos simbolizan el desencanto de una sociedad que ha sustituido las relaciones humanas por las redes sociales. 

El ritmo de la película es lento y repetitivo, hasta el punto de que, por momentos, tanta lentitud agobia. Es posible que esto pueda desagradar a un cierto público que espere algo más de brío en el desarrollo de la acción, pero hay que reconocer que es un recurso acertado para envolver al espectador en la misma monotonía y soledad sin salida en la que vive la protagonista.

Es de destacar el excelente trabajo de la también portuguesa Joana Santos, y en conjunto la película es un relato conmovedor sobre una sociedad cada vez más desnortada, que ofrece pequeñas soluciones fáciles e inmediatas, aun a precio de alienar a sus miembros.

Mariángeles Almacellas

https://www.youtube.com/watch?v=MeqIv-Y6-5Y

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