Crítica
Público recomendado: +12
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En 1996 Jan de Bont dirigió muy bien, contando con un trabajado guion de Michael Crichton y Anne-Marie Martin, Twister, una película de ciencia ficción que tuvo buena acogida entre crítica y público gracias a una historia de reconciliación matrimonial camuflada bajo una cinta de aventuras y espectaculares efectos especiales para la época. El cierre no daba lugar para mucha secuela y así ha sido porque Twisters, estrenada este 2024, no lo es, sino una actualización, muy bien hecha eso sí.
Kate Cooper (Daisy Edgar-Jones) es una excazadora de tormentas con un fuerte trauma por un fatal encuentro con un gigantesco tornado durante sus años universitarios. Ahora estudia los patrones de las tormentas desde la seguridad de sus pantallas en Nueva York, a salvo de los peligros. Pero su amigo Javi (Anthony Ramos) la lleva a las llanuras para que pruebe un nuevo sistema de rastreo. Allí se cruza con Tyler Owens (Glen Powell), la encantadora y temeraria superestrella de las redes sociales que se divierte publicando sus aventuras de persecución de tormentas con su estridente equipo. Y cuanto más peligrosas sean las tormentas, mejor. A medida que la temporada de tormentas se intensifica se desencadenan fenómenos aterradores nunca vistos. Kate, Tyler y sus equipos que compiten entre sí se toparán con múltiples sistemas de tormentas que convergen sobre el centro de Oklahoma mientras luchan por sus vidas.
En Twisters cambian el director, los guionistas y los actores. Ahora dirige el desconocido para el gran público Lee Isaac Chung con un libreto de Mark L. Smith y Joseph Kosinski, y encabezan el reparto Daisy Edgar-Jones, Glen Powell y Anthony Ramos. La idea es actualizar el original con nuevos y asombrosos efectos especiales, algunos apuntes sobre la capacidad de superación y, como no podía ser de otra manera dados los tiempos que vivimos, la necesidad de hacer viral todo a base de retransmitir en directo las mayores locuras que hacemos. Y, de paso, metiendo una buena cantidad de guiños al original que sin duda los más cinéfilos y fans de Twister entenderán y agradecerán.
Y lo cierto es que todo eso funciona bastante bien ya que el espectáculo está garantizado desde el minuto 1, no hay parones demasiado largos y los actores están muy metidos en sus papeles, sobre todo un fabuloso Glen Powell que desde Top Gun: Maverick está demostrando, película a película, que le va la marcha (perdón por la expresión pero su reciente filmografía lo confirma).
También ha sentado muy bien al metraje ese juego de rivalidad en el que ni los buenos son tan buenos como parecían ni los “malos” lo son tanto como se daba a entender. Los matices son muy importantes y, por supuesto, conocer toda la historia, no quedarse en las primeras impresiones ni solo en el titular. Obviamente también lo es que lo primero son las personas, por delante de los “me gusta” y las visualizaciones en directo, y desde luego antes que lograr hacer una fortuna usando las desgracias ajenas. Incluso hay una brevísima reflexión sobre la fe que no viene nada mal.
Los guionistas han logrado, además, evitar con mucho acierto cualquier acercamiento al muy cuestionado (y con razón) cambio climático. Eso no hace que se evite abordar el tema climatológico, pero no dando respuestas sencillas a problemas complejos.
Tenemos, en suma, el ‘blockbuster’ del verano (con permiso de Deadpool y Lobezno de la que hablaremos en unos días y de Padre no hay más que uno 4, de la que ya hemos hablado en esta web), para disfrutar con palomitas y una rica bebida en una enorme sala con sonido bien alto.
Miguel Soria