Urchin

Crítica

Público recomendado + 18

El joven actor británico Harris Dickinson, conocido por sus roles en películas como Babygirl, El triángulo de la tristeza entre otras, se pone en esta ocasión al otro lado de la cámara, para dirigir Urchin, su ópera prima, con un guion también escrito por él, y en la que se ha reservado el personaje de Nathan, el amigo de Mike al que éste acusa de haberle robado. 

La película narra la historia de Mike, un joven sin hogar que busca sobrevivir en las calles de Londres, pasando de trabajos ocasionales a robos, hasta el día en que lo encarcelan. Cuando sale de prisión, con la ayuda de los servicios sociales, intenta volver a encarrilar su vida luchando contra sus viejos demonios. Pero pronto descubre lo difícil que resulta conseguir una reinserción duradera.

En Urchin, el cineasta aborda un tema realmente intrincado: el intento de reinserción social de un sin techo, joven y con cualidades, pero con heridas interiores muy difíciles de sanar. Mike, que vivió una infancia difícil, muestra deficiencias de aprendizaje tanto en lo escolar como en lo social, sufre una necesidad patológica de ser aceptado por los demás y ha intentado dejar de consumir aunque es muy frágil frente a la ocasión. Está, pues, en una situación muy vulnerable, pero él quisiera dejar esa vida denigrante y reinsertarse en una existencia normal, lo cual es casi imposible con los escasos medios con que cuentan los servicios sociales británicos para dar respuesta a ese tipo de situaciones. 

El punto de arranque podría remitirnos al cine de Ken Loach, aunque inmediatamente se aleja de él, pues Dickinson no pretende hacer denuncia social, sino que pone el foco en el personaje, ese hombre herido por una vida desgraciada. No lo juzga, sencillamente lo humaniza y lo presenta tal cual es, con sus carencias y su fragilidad. Dickinson huye abiertamente del miserabilismo social y del melodrama, utilizando metáforas y poesía que, sin dejar de reflejar la pobreza exytrema, lo hace con una mezcla de realismo y de elementos oníricos, sin perderse en el sentimentalismo. Bien lejos del compromiso político de Loach y de sus denuncias de las injusticias sociales.

El actor Frank Dillane hace un gran trabajo —le valió el premio “A mejor actor”, en la sección Un certain regard del Festival Internacional de Cine de Cannes 2025— dando vida al personaje de Mike, un ser complejo, luminoso y conmovedor a veces, oscuro y detestable en otros momentos. En ocasiones parece que se despierta de su letargo de abatimiento y se muestra determinado a conseguir una vida normal, con un lugar para dormir, un trabajo para sobrevivir y un mínimo de relaciones humanas. La trama de la película sigue su recorrido a través de todos los ámbitos por los que discurre un proceso de reinserción, lo cual pone de relieve la cruda realidad de falta de espacios de escucha y de acompañamiento psicológico, que permitirían la sanación personal como base para una auténtica reinserción laboral y estructural.

Una película dura, aligerada con un algún rasgo de humor, que combina el realismo social con una mirada humanizadora sobre la fragilidad humana. Y, como la vida misma: no hay una solución al mal, pero hay destellos de esperanza que dejan entrever que la redención es posible.   

Mariángeles Almacellas

https://www.youtube.com/watch?v=cKi3MHTWnOo

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