We Have a Dream

Crítica

Público recomendado: +12

Pascal Plisson dirige y coescribe, junto a Yann Brion y Eddy Vingataramin, este precioso documental llamado We Have a Dream, y esperamos, de verdad, que tenga el impacto y la repercusión que merece ya que sus mensajes no pueden ser mejores.

¿Quién dijo que vivir con una discapacidad significa renunciar a tus mayores sueños? Al otro lado del mundo, Pascal Plisson, director de la película, conoció a Xavier, Charles, Antonio, Maud, Nirmala y Khendo, niños que demostrarán que el amor, la educación inclusiva, el humor y el coraje pueden mover montañas y que el destino a veces está lleno de sorpresas.

Mientras ves el documental, uno de los pensamientos que te llegan es “sí a la vida, sí a la paternidad y a la maternidad, y sí a la vida desde su inicio, que es la concepción, hasta la muerte natural” y que “la maternidad es un regalo, un don, nunca un derecho”. Y esto no lo pueden decir todos los documentales, ni mucho menos.

La obra de Plisson nos pone en la piel de esos seis chicos, todos ellos con severas discapacidades y sus problemas para encajar en el día a día con los demás y superar grandes desafíos inexistentes para otros; una llamada en toda regla a la empatía. En ese sentido está muy bien ese pequeño guiño de uno de los niños con su camiseta de Superman, dejando claro que no hace falta llevar capa para ser un superhéroe y que no todos los superhéroes llevan capa; a veces basta con ser un niño pequeño luchando contra viento y marea a pesar de las enormes dificultades.

También se insiste mucho en lo necesario de contar con lo más importante: el apoyo constante y fiel de tu familia, porque los amigos se eligen, pero la familia te viene dada, y si ella está a tu lado lo más complicado está hecho. Si además tienes benefactores externos pues mejor que mejor, pero lo primero es la familia.

En esto también se introduce, y de qué manera más hermosa, la aceptación de la Voluntad Divina, sobre todo cuando no se pueden entender sus decisiones: “Dios te trajo así y debes aceptarlo”, le dice una madre a su hijo albino. De igual forma se ve la maternidad como un don, un regalo, nunca como un derecho, y la preciosa vocación que es la adopción: “Nuestra capacidad de reproducción se truncó y optamos por la adopción. Antonio es nuestro hijo a todos los efectos”. La aceptación de la dura realidad y el amor por la familia que desprende este documental es, sencillamente, insuperable.

Quizás el punto más flojo del metraje sea el desigual trato que ofrece a sus protagonistas porque algunos solo aparecen al principio y son rescatados al final en apenas unos minutos, pero al menos se ofrece un precioso baile en una escuela de danza que deja sin respiración.

Director y guionistas aciertan en fondo y forma porque su obra dura exactamente lo que tiene que durar, huye de sensiblerías y no oculta las partes más duras de las vidas de estos chicos. Es sin duda un documental digno de ver y aplaudir, y que vale para que todos aprendamos que discapacidad no tiene por qué significar incapacidad.

Miguel Soria

https://www.youtube.com/watch?v=Nz8DyDzZ6Po

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