Crítica
Público recomendado: +16

Muchos seguirán sin ver la virtud demostrada por Rian Johnson para refrescar el género detectivesco. Ya lo hizo en su momento en el cine con Puñales por la espalda y lo ha vuelto a conseguir en la segunda temporada de Poker Face. No hace falta dorar la píldora: es la realidad palpable en una serie que, lejos de grandilocuencias, ha sabido aunar elogios de clásicos y modernos. Una de las claves sigue siendo la versátil Natasha Lyonne, codirectora de nuevo, que protagoniza con absoluto carisma un misterio episódico atractivo y absolutamente fresco.
La historia continúa teniendo a Charlie Cale como centro motor narrativo, en todos los sentidos, una detective fuera de los parámetros habituales que se viste con un traje de antihéroe de los años 60. Su pelo alocado y su capacidad para enlazar palabras esconden una sobrehumana intuición para detectar mentiras, un poder que le valdrá para ir resolviendo crímenes surrealistas mientras huye de su peligroso pasado. En esta ocasión, Cale se cruza con asesinatos fortuitos y personajes de calidad premium, a la par que sigue evitando a Cliff LeGrand.
No tiene desperdicio una serie como Poker Face, que rompe con las convenciones actuales regalando episodios autoconclusivos, de calidad peliculera y con olor a una mezcla de pop y neo-noir. La segunda tanda de capítulos potencia aún más el aroma road movie con un guion que cruza los límites del homenaje y el género reinventado. La serie es del todo autoconsciente, injerta guiños y juega con un punto de humor negro que jamás autoparodia su producto. La estética refuerza la inmersión de época alternativa con cámara en continuo movimiento, iluminación vintage, neones y un montaje que alterna caos y sosiego en los momentos oportunos. En medio de todo esto florece un reparto invitado de máximo nivel: Cynthia Erivo, Giancarlo Esposito, Kumail Nanjiani, Katie Holmes, John Mulaney o Awkwafina, entre otros.
La gran heroicidad de Poker Face en su segunda temporada es no perderse en la repetición vacía de fórmula, rechazar del todo la monotonía y huir de la nostalgia vacía. Es virtuoso cómo el equipo consigue una escritura refrescante, que mantiene la tensión del suspense, el punto de humor acertado y el morbo justo por lo que vendrá. El eje de todo esto es una Lyonne que baila de manera distinta, elegante y atractiva, explotando sus registros con ironía, vulnerabilidad y determinación.
Podemos decir también que esta segunda temporada apuesta de nuevo por la verdad como columna vertebral del relato. El aura mística de la protagonista para desenmascarar la mentira es una buena metáfora sobre la búsqueda cotidiana del bien y la justicia, pero nunca moralizando ni cayendo en el simplismo habitual y polarizado. Destacable también cómo Poker Face eleva la dignidad humana entre violencia y decadencia, estas dos nunca integradas de manera gratuita, sino más bien con un tono ético existencial.
Gabriel Sales

Licenciado en Periodismo, Máster en Comunicación y Branding Digital, Máster en Matrimonio y Familia y Máster en la Unión Europea. Apasionado comunicador y crítico de cine, personalista practicante y absoluto seguidor del séptimo arte más reflexivo. Cada película es una ventana hacia nuevas perspectivas y emociones, no subestimemos las historias que retan nuestro acomodo mental.