La tutoría

Crítica

Público recomendado: +18 años

De la mano de Halfdan Ullmann Tøndel nos llega un drama inquietante, La tutoría, que tuvo su estreno mundial en mayo de 2024, en la sección «Un Certain Regard» del Festival de Cine de Cannes (2024), donde obtuvo el premio a la mejor ópera prima, «Cámara de Oro».

Halfdan Ullmann Tøndel es hijo de la actriz y escritora noruega Linn Ullmann, y nieto de la también actriz, guionista y directora Liv Ullmann y de Ingmar Bergman, el gran cineasta sueco, unos de los directores de cine más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

La película nos traslada a una escuela infantil, en la que Sunna (Thea Lambrechts Vaulen), tutora de Armand (que da el título original) y de Jon, dos niños de 6 años, ha convocado a Elisabeth (Renate Reinsve), madre de Armand, para hablar de un desagradable y grave incidente: su hijo habría pegado y agredido sexualmente a Jon. La tirantez del ambiente entre las dos mujeres se acrecienta cuando llegan los padres de Jon, Sarah (Ellen Dorrit Petersen) y Anders (Endre Hellestveit), que son quienes han denunciado el hecho.

Sunna se esfuerza inútilmente en establecer un clima de diálogo constructivo para averiguar, ante todo, qué fue lo que sucedió exactamente y resolver entre todos, qué acciones deben seguirse, teniendo en cuenta que en el colegio no existe un protocolo adecuado. Jarle, el director (Øystein Røger) y Ajsa (Vera Veljović), la psicóloga del centro, se incorporan a la reunión, pero tampoco consiguen hacer avanzar la reflexión.

Las intervenciones nerviosas de los interlocutores, que parecen moverse en un bucle inútil, sufren frecuentes interrupciones por la alarma de incendios, que salta sin motivo, por las hemorragias de nariz de la psicóloga y hasta por un inexplicable ataque de risa de Elisabeth. La excitación, casi rayana en violencia, se va acrecentando por momentos.

Prácticamente toda la acción tiene lugar en distintos puntos del espacio cerrado y opresivo del colegio. La claustrofobia, el agobio y la incertidumbre van invadiendo también al espectador, que participa del drama como un personaje más, con la misma desazón por algo horripilante ante lo cual no saben cómo actuar, pues ni conocen la verdad de los hechos ni hay una normativa que pudiera orientarlos.

Sin embargo, a partir de esa primera parte de la película, cambia el tono y el estilo, la fuerza del drama empieza a diluirse, la tensión se convierte paulatinamente en desconcierto y el interés se va enfriando hasta sentir que el metraje se alarga demasiado. El foco se ha trasladado de los niños —que, en realidad, nunca aparecen en escena— a los adultos, a sus conflictos de celos, pasados oscuros, viejos rencores y deseos inconfesables. En el fondo, es como si Halfdan Ullmann Tøndel no hubiera querido tratar tanto el tema de la violencia entre los niños, cuanto aprovechar el incidente como una oportunidad para examinar las tensiones entre los padres.  Se suceden entonces una serie de escenas surrealistas y metafóricas, con extrañas coreografías; como un baile de Elisabeth y el encargado de la limpieza del centro, que dejan al espectador perplejo.

La actuación de todos los actores es impecable y el trabajo del director muy bueno. La textura formal y el uso de la cámara revelan las capacidades de un gran realizador. El premio «Cámara de Oro» está, pues, perfectamente justificado por una primera parte de la película genial, aunque la segunda parte sea todavía una promesa y un avance de lo que, sin duda, nos llegará de ese director.

Mariángeles Almacellas

https://www.youtube.com/watch?v=5k3nIM3lVUE

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