Crítica
Público recomendado: +12

Aunque a nivel animación (que, recordemos, no es un género sino una forma de hacer cine) Disney-Pixar y Dreamworks copen casi todos los estrenos de calidad o, al menos, famosos, de vez en cuando llegan propuestas distintas que intentan demostrar que fuera de las susodichas hay vida. Diplodocus, coproducción entre Polonia-República Checa-Eslovaquia, es un ejemplo de ello.
Diplodocus es un pequeño y curioso dinosaurio cuyos padres desaparecen en misteriosas circunstancias. Vive en un cómic dibujado por un artista infravalorado llamado Ted. Convencido por su editora de que su cómic de dinosaurios le está frenando, Ted coge una goma de borrar… Y el mundo de Diplodocus comienza a ser engullido por la “blancura”. Huyendo, Diplodocus descubre que puede teletransportarse de un cómic a otro. Por el camino, conocerá al torpe mago Hocus Pocus, al estrafalario científico Profesor Nervekowsky y a la animosa piloto Entomología. Juntos se embarcan en una gran aventura llena de criaturas fantásticas y lugares asombrosos. Pero para salvar a los padres de Diplodocus, primero deben creer en sí mismos y convencer a Ted de que haga lo mismo.
Extrañísima y, a la vez, imaginativa película del polaco Wojtek Wawszczyk, que hace las veces de guionista y director, adaptando los cómics del también polaco Tadeusz Baranowski, quien por cierto aparece en un breve cameo. Es un filme de tintes fantásticos (dos mundos conectados por un portal y criaturas de todo tipo) que trata temas muy variados: desde el cansancio de la vida anodina y la búsqueda de la aventura hasta la crisis creativa de los dibujantes, el bloqueo creativo y una acertada crítica hacia los editores que desprecian el arte y solo buscan el dinero apuntándose a cansinas modas. También se habla de la amistad y de la unión familiar, por fortuna sin modas absurdas: padre, madre e hijos si Dios los concede.
Es imposible no recordar, por su parecido con la criatura que busca a su creador para pedirle que siga escribiendo sobre su mundo, a Harold y el lápiz mágico (de Carlos Saldanha, 2024, de la que hablamos en esta web hace unos meses) y, por descontado, a la famosa novela Niebla del gran Miguel de Unamuno. Se ve que la criatura que busca a su creador nunca pasa de moda. Por su parte, el público de mayor cultura cinematográfica sonreirá por el estupendo guiño a Viaje a la luna, el clásico de 1902 de Georges Méliès.
Sin embargo se nota que la cultura polaca es extremadamente distinta de la española, la estadounidense o la británica a las que podemos estar más acostumbrados. Si bien la animación es impecable y la mezcla con la imagen real es muy inteligente, los imaginativos mundos y sus estrafalarios personajes van acompañados de un ritmo frenético que puede perder a más de un adulto, no digamos a los niños, que observarán con incredulidad muchos cambios de ubicación y aparición/desaparición de personajes sin ton ni son, amén de un tercer acto excesivamente movido y caótico que puede asustar a los más pequeños.
Lo que hay que aplaudir es que los responsables de la distribución hayan optado por voces muy profesionales para el español: Gaby Jiménez, Abraham Aguilar, Juan Perucho (absolutamente desbocado y muy gracioso) u Olga Velasco, entre otros, hacen posible que el doblaje sea de altísimo nivel.
Diplodocus es, por tanto, una opción interesante si se quiere algo distinto al cine “comercial” que puebla las carteleras, pero a su vez se debe estar preparado para ver algo muy distinto a lo que estamos habituados. Se recomienda una mente abierta para disfrutarla como es debido y esperarse hasta después de los breves créditos para ver la divertida escena final.
Miguel Soria