The Pitt (Temporada 1)

Crítica

Público recomendado: +16

The Pitt  (2025) es una serie (drama médico) estructurada en tiempo casi real, siguiendo un turno completo de urgencias en un hospital de Pittsburgh, Estados Unidos. Durante quince episodios (cada uno correspondiente a una hora del turno), la serie acompaña el trabajo del equipo en un centro donde la llegada constante de pacientes obliga a tomar decisiones rápidas en situaciones muy diversas.

El doctor Michael “Robby” Robinavich (Noah Wyle, conocido por la célebre Urgencias) es responsable del servicio y afronta una jornada especialmente significativa, debido a la incorporación de nuevos residentes y al recuerdo de la pérdida de su mentor durante la pandemia de COVID-19. La temporada avanza acumulando casos de distinta gravedad hasta desembocar en una situación de emergencia extrema, que pone al límite al equipo.

El personaje de Robby se construye desde una combinación de experiencia y desgaste, más cercana a la contención que al heroísmo. Su forma de actuar refleja a alguien que ha asumido que no siempre es posible hacer lo ideal, sino lo viable dentro de unas condiciones concretas. 

Esa manera de ejercer la responsabilidad define tanto su papel dentro del equipo como el tono general de la serie. Los residentes, por su parte, introducen otra dimensión, marcada por el aprendizaje y la inseguridad, mientras que el personal de enfermería aporta una mirada más constante y práctica del funcionamiento diario del servicio.

Entre los secundarios, destaca el personaje interpretado por Katherine LaNasa, cuya presencia refuerza esa dimensión más directa, humana y cercana a la realidad del hospital. Su interpretación, reconocida con el Emmy a mejor actriz de reparto en 2025, ofrece una perspectiva más centrada en la gestión cotidiana del cuidado. 

La serie se sitúa dentro de los enfoques habituales de la ficción contemporánea, con una mirada acorde a las sensibilidades predominantes en la industria hollywoodiense en torno a cuestiones como el colectivo LGBT, las relaciones afectivas, las técnicas reproductivas y la concepción de la vida. 

En este sentido, donde el relato adquiere mayor densidad es en una trama centrada en el deseo de una menor de abortar. A partir de ese caso, se muestran decisiones médicas discutibles (incluida la alteración de datos clínicos) y el conflicto entre la voluntad de la joven, la oposición de su madre y la intervención de su tía y de los médicos. En contraste, poco después se produce una pérdida espontánea del embarazo presentada como una desgracia, de manera que dos vidas en su inicio son tratadas de forma muy distinta en un mismo entorno. El argumento de la temporada no resuelve esta tensión, pero la deja planteada, abriendo una reflexión sobre el valor de la vida humana y las consecuencias de las decisiones tomadas en torno a ella.

La serie incorpora también de forma puntual referencias al ámbito religioso en personajes del reparto y también en el protagonista. Robby se presenta como una persona de origen judío, sin una posición definida respecto a la fe. No obstante, en momentos de crisis, recurre a elementos de esa tradición, como la oración del Shemá que aprendió de pequeño de su abuela.

Junto a ello, surgen también breves intercambios en los que la religión se hace presente de manera natural, como cuando el protagonista corrige una cita bíblica o con el interno Whitaker, que cuenta con formación en Teología. Sin convertirse en un tema central, estos elementos apuntan a una dimensión espiritual que emerge precisamente cuando la seguridad personal se tambalea y se evidencian los propios límites.

Asimismo, en la narración aparecen las secuelas emocionales que la pandemia ha generado en el personal sanitario. Este aspecto no se desarrolla como un episodio cerrado, sino que aparece en distintas ocasiones a lo largo de toda esta primera temporada. Así, se intenta mostrar cómo ese impacto sigue presente en los profesionales y marca su manera de ejercer y de relacionarse con el sufrimiento. En el caso de Robby, esa experiencia aparece ligada a la citada pérdida de su mentor y condiciona su forma de desenvolverse en el hospital.

Por otro lado, el relato deja ver cómo, en medio de ese desgaste, surgen muestras de cariño y formas de cuidado que van más allá de lo estrictamente profesional: gestos cotidianos, momentos de atención o vínculos que se sostienen en detalles pequeños, con los pacientes y también entre compañeros. Sin sentimentalismo, la serie apunta así a una dimensión más profunda de la experiencia humana, donde, incluso en medio de la dificultad y del dolor, persisten el sentido de comunidad, el cuidado mutuo y una cierta apertura a la esperanza.

Desde el punto de vista narrativo, la temporada se apoya en la sucesión de casos clínicos, lo que aporta ritmo y continuidad. Sin embargo, esta estructura puede resultar en algunos momentos reiterativa, especialmente cuando los conflictos personales no evolucionan con la misma intensidad que las situaciones médicas.

Más allá de estas cuestiones, The Pitt se presenta como una serie sólida, bien construida, con personajes definidos y tramas que mantienen el interés a lo largo de los quince capítulos. 

El conjunto interpretativo, encabezado por Wyle (también premiado), es uno de los pilares de la serie, que además fue reconocida un total de 5 premios Emmy, incluido el de mejor serie dramática.

Larissa I. López

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