Kobe, la leyenda

Crítica

Público recomendado: +14

Las jugadas de Kobe Bryant han quedado grabadas en la retina de miles de aficionados al baloncesto, no solo por su habilidad con la pelota, comparada con Magic Johnson, Pau Gasol, Stephen Curry, Michael Jordan o LeBron James, sino por su fondo humano. 

Por esa razón, sacamos a la palestra la miniserie de 3 episodios de 45 minutos de duración  sobre su vida, titulada Kobe, la leyenda y que puede verse en la plataforma de Movistar, ofreciendo momentos emotivos, pero en otras ocasiones transmite cierta frialdad propia de no contar con un cineasta de talento detrás de las cámaras. La dirección ha corrido a cargo del equipo de la CNN que, como si nos contase momentos importantes de su vida en una obra de teatro, divide el relato en tres actos: el primero sería el de su ascenso; el segundo el de su caída a los infiernos y el tercero sobre su redención.

La primera parte nos revela detalles de su infancia, marcada por una familia feliz que emigró a Italia porque su padre dedicó los últimos años de su etapa deportiva, jugando en un equipo de primera división italiana. Fueron momentos inspiradores porque él se consideraba, en parte, italiano y allí descubrió su vocación como baloncestista. Era tan bueno que cuando todavía era un niño, en un partido, metió todos los puntos de su equipo y todos sus compañeros se pusieron a llorar porque no habían tocado la bola. Se percibe cómo sus amigos y profesores lo apreciaban. Fue el primer jugador, al menos que yo sepa, en renunciar a las ligas universitarias para empezar a jugar en la NBA con tan solo 18 años.

La segunda parte del documental nos habla de su acusación de violación, dejando una sombra de dudas y el revuelo que causó en su vida esa infidelidad; porque él pidió perdón públicamente por ello y a su mujer por su adulterio, aunque afirmó que no había cometido el delito del que se le acusaba.

La tercera parte del documental es una especie de redención, en la que se cuenta cómo se volcó en su profesión siendo el mejor, apodándose a sí mismo como “la Mamba”, como una serpiente que se redime arrasando en todos los partidos para superar ese trauma. Otro punto fuerte es el modo en el que se volcó con su familia. El documental acierta al mostrar cómo Kobe Bryant tuvo que afrontar la retirada definitiva por lesión. Sin embargo, no se puede decir que fuese un triste final, pues él se volcó en sus hijos y su querida mujer, siendo entrenador de una de sus hijas y haciéndolas triunfar en la profesión por su sabiduría baloncestística. Su profesora de instituto le animó a que escribiera porque dominaba su lengua, mientras que él, por otra parte, contó con John Williams y algún experto cineasta para convertir su guion en un corto que le permitió ganar el Óscar al mejor cortometraje, titulado Querido Baloncesto.

Los creadores de este documental se sorprenden al ver la cara de felicidad de Kobe Bryant en esos últimos años de su carrera por lo que acabamos de explicar. No obstante, pensamos que, por perjuicio (no sé si ideológico o religioso), se omite un “detallazo” trascendental de su vida, ya que esa felicidad también se debe a que un sacerdote católico le ayudó a afrontar el problema de la falsa acusación. Él se consideraba un católico, muy practicante, con alma italiana, siendo su fe un arma espiritual para superar las dificultades. De hecho, el día en que falleció había estado en una iglesia, aunque este ensayo cinematográfico no lo cuenta, saliendo con discreción por la puerta de atrás para evitar ser el centro de atención en el templo, aunque muchos chavales disfrutaban comulgando al lado de una estrella indiscutible del mítico deporte de la canasta.

Víctor Alvarado

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