Naza

Crítica

En esta película resulta polémico todo. Los directores -Yuval Abraham (Beerseba, 1995) y Rachel Szor (Tel Aviv, 1994)- han rodado un documental sobre el presunto uso de sistemas de inteligencia artificial en los bombardeos sobre Gaza y la causación deliberada de muertes de civiles palestinos – se refieren a ellos como NAZA por el acrónimo israelí para referirse a los “daños colaterales”- pero no han recabado la versión del relato de las Fuerzas de Defensa de Israel ni han hecho referencia a los documentos publicados por ellas. Han entrevistado a 24 personas que, según el documental, son soldados y oficiales de inteligencia israelíes, pero ninguno muestra el rostro ni se identifica. Es imposible saber si realmente pudieron tener el conocimiento y el acceso a información que se atribuyen. Describen procedimientos como el cálculo de las posibles víctimas civiles y atribuyen la decisión sobre los bombardeos a la inteligencia artificial, pero la información publicada por las fuerzas armadas israelíes señala que esa decisión siempre la toman humanos y que corresponde a distintos oficiales según la cadena de mando. Describen zonas de combate, pero las personas entrevistadas supuestamente han visto las operaciones, en general, detrás de una pantalla como operadores de sistemas de inteligencia. No identifican días ni lugares de los bombardeos de los que hablan de modo que tampoco es posible contrastar la veracidad de lo que dicen. Así, todo en “Naza” resulta materia de controversia.

Polémicos han sido hasta los premios. “Naza” ha ganado el Premio Especial del Jurado del 83º Festival de Cine de Venecia, donde a los directores se les dedicó una ovación en pie que duró casi 25 minutos. No han faltado voces que recordaron cómo, en la 3ª edición de festival (1935), ganó la medalla de oro “El triunfo de la voluntad”, la película propagandística nazi dirigida por Leni Riefenstahl (1902-2003).

Sin embargo, hay que admitir la fuerza cinematográfica de una cinta que, en sólo 77 minutos, formula denuncias gravísimas. Rodada en terrazas de Tel Aviv, sólo Yuval Abraham muestra el rostro. Los entrevistados aparecen en sombras y sus voces están distorsionadas. Es inevitable recordar “Shoah” (1985), de Claude Lanzmann (1925-2018), pero el director francés mostraba las caras de los entrevistados y los identificaba claramente. En “Naza” al espectador se le priva de esa identificación clara, lo que por otro lado socava la credibilidad del relato. Quizás el recurso más exitoso es la sucesión de imágenes de las ventanas de Tel Aviv, la ciudad opulente y luminosa, que lleva implícito el contraste con la devastación de Gaza. En realidad, el sufrimiento de los palestinos sólo aparece al final en imágenes desgarradoras. También es hábil el recurso a los dibujos -de nuevo podemos recordar al criminal de guerra nazi Franz Suchomel (1907-1979) en la entrevista que le grabó Lanzmann con cámara oculta- que describen lo que los entrevistados dicen ver en sus pantallas.

Quizás hubiera sido deseable algo más de contraste, verificación y luz en esta película. La gravedad de las acusaciones vertidas -se habla de genocidio- hubiera exigido un enfoque periodístico más exigente, aunque quizás eso hubiese restado la fuerza dramática que la oscuridad tiene.

Ricardo Ruiz de la Serna

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