Crítica
Público recomendado: +12

La nueva serie Animal, estrenada en Netflix y producida por Alea Media (Entrevías), está creada y dirigida por Víctor García León con la colaboración de Alberto del Toro. Ocho episodios de treinta minutos aproximados conforman una ficción que, bajo la apariencia de comedia ligera, revela una intención mucho más incómoda.
El argumento es sencillo: Antón, un veterinario gallego sin clientes, debe aceptar trabajo en una boutique urbana de mascotas regentada por su sobrina Uxía. Desde esa premisa se articula un choque entre mundos: el barro del campo frente a los escaparates brillantes de la ciudad, la dignidad de un oficio en extinción contra la frivolidad del consumo pet-friendly. Luis Zahera, en su primer papel protagonista en televisión tras destacar en el cine con El Reino o As Bestas, encarna a Antón con intensidad contenida, transmitiendo orgullo herido y cansancio vital. Lucía Caraballo aporta frescura como contrapunto generacional, y entre ambos nace la mejor química dramática de la serie. El reparto se completa con actores sólidos como Carmen Ruiz o Antonio Durán “Morris”, que aportan textura sin robar foco. Rodada íntegramente en Galicia, en pueblos como Pontemaceira o Vedra, la serie exhibe autenticidad en su escenografía, evitando decorados artificiales y reforzando su mirada sobre un mundo rural cada vez más invisible.
En lo estético, la puesta en escena se apoya en contrastes visuales: tonos tierra, espacios abiertos y luz natural en el campo, frente a colores pastel y pasillos angostos en la boutique urbana. La dirección sabe acompañar emocionalmente al protagonista, con planos nerviosos cuando pierde pie y estáticos cuando se enfrenta a un entorno falso. El montaje es ágil, aunque a veces demasiado brusco en la transición entre comedia y drama, lo que puede romper la inmersión. El sonido y la música subrayan esos mundos opuestos: mugidos, viento y silencio en el campo, frente a secadores de perro y timbres electrónicos en la ciudad. Este choque sonoro y visual no es solo decorado: es parte del discurso. El guion, firmado por García León junto a Ana Boyero, Araceli Álvarez de Sotomayor, Germán Aparicio y Daniel Castro, evita explicar lo obvio y confía en la mirada del espectador. Aunque algunas tramas secundarias quedan apenas esbozadas, la narración logra transmitir una tensión de fondo: la pregunta por la identidad y la dignidad cuando tu oficio ya no tiene lugar en el mercado.
Desde una lectura antropológica, Animal plantea con ironía y sátira cuestiones de peso: la dignidad del trabajo frente a la lógica del consumo, la pertenencia a una tierra frente al desarraigo, el choque entre generaciones y la justicia simbólica que el campo reclama en un país donde parece más fácil perfumar a un perro que sostener a un ganadero. La serie incomoda porque convierte en risa un dolor real: la invisibilidad de quienes han vivido de la tierra y sienten que su mundo se extingue sin reconocimiento. No hay violencia explícita ni sexo gráfico, aunque la sátira se apoya en un humor ácido que puede resultar hiriente.
En conclusión, Animal es mucho más que un entretenimiento pasajero: es un espejo rural irónico que revela contradicciones profundas de nuestra sociedad. Entre carcajadas incómodas y silencios cargados de verdad, recuerda que la libertad a veces no es elección sino exigencia del entorno, y que la dignidad no puede reducirse a un capricho urbano. Culturalmente valiosa y artísticamente irregular, la serie merece atención porque interpela, incómoda y obliga a mirar al campo sin filtros ni nostalgias vacías.
Gabriel Sales

Licenciado en Periodismo, Máster en Comunicación y Branding Digital, Máster en Matrimonio y Familia y Máster en la Unión Europea. Apasionado comunicador y crítico de cine, personalista practicante y absoluto seguidor del séptimo arte más reflexivo. Cada película es una ventana hacia nuevas perspectivas y emociones, no subestimemos las historias que retan nuestro acomodo mental.