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Para Lenin el cine era de las artes la más importante. Stalin coincidía con su maestro y es conocido su gusto por el cine musical. Como arte de masas, es uno de los más eficaces. Combinarlo con música, arte cuyo impacto en la memoria es poderosísimo, funcionaba a la perfección en las audiencias. Boris Shumyatsky, el productor ejecutivo del monopolio fílmico soviético desde 1930 hasta 1937, declaró que «un cine inteligible para millones» requería el establecimiento de nuevos géneros como el de la comedia musical porque «ni la Revolución ni la defensa de la Patria socialista es una tragedia para el proletariado. Siempre hemos ido, y en el futuro siempre iremos, a la batalla cantando y riendo» […y bailando].
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Y es que se baila para reunirse con los dioses, se dice en simbología, pero también para la celebración de rituales. El individualismo de Fred Astaire o Gene Kelly al iniciar un número de baile en una transición casi imperceptible entre el andar y el danzar es difícilmente posible en el musical folk soviético, donde los cuerpos deben empezar a moverse al mismo tiempo en el ritual y se desestima la idea de que la realidad ofrezca espacios de ensueño de los cuales los personajes puedan entrar y salir a su antojo. Todo lo contrario: si hay danza es justificada dentro de la escena porque hay necesidad –ideológica, sin duda– de que los personajes se comporten de la misma manera, se muevan de la misma manera, aparezcan igualmente felices, hoz en mano en la granja colectiva que de tan buena voluntad –y sin querer una sola semilla a cambio– trabajan.
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La risa tiene una vinculación a veces muy estrecha con el terror que contiene lo obsceno. El terror de la colectivización soviética escenificado como musical acaba por tener algo cómico, por terrible que esto pueda parecer. Durante la Purga, por ejemplo, el absurdo de los mecanismos comunistas obligaba a los acusados a inventarse crímenes que confesar durante los juicios, verdaderos escenarios del horror y el sinsentido. No parece real, sino una burla lejana demasiado absurda para concebirse. Pero es. Canto y baile son acciones naturales en el engranaje revolucionario ante el hambre y la muerte.
Shumyatsky, por cierto, fue ejecutado en 1938 por «traidor» como parte de la Purga.

Licenciada en Artes cinematográficas, ha sido correctora de estilo para Penguin Random House y profesora de cine en la Universidad Central de Venezuela. En la actualidad forma parte del departamento editorial de Ediciones Encuentro y mantiene la columna semanal sobre cine “Nuestro amigo común” en el Papel Literario, suplemento cultural del diario El Nacional en Venezuela.