Crítica
Público recomendado: +16

Furious (Elizabeth Meriwether, 2026) sigue a Alice Black (Emmy Rossum), una agente del FBI que investiga una serie de asesinatos relacionados con hombres acusados de tráfico de menores. Las pistas conducen hasta Catherine Grace (Lola Petticrew), una mujer que cambia constantemente de identidad y que logra zafarse varias veces de quienes intentan detenerla.
Desde el principio, la serie enfrenta dos conceptos difíciles de conciliar: justicia y venganza. Catherine no mata al azar y sus víctimas responden a un patrón relacionado con hombres involucrados en la trata de menores que han conseguido salir impunes de las consecuencias de sus actos. Alice intenta resolver los crímenes siguiendo los procedimientos establecidos. Sin embargo, pronto comprueba que la justicia no cumple su función cuando quienes deberían responder ante ella cuentan con poder y conexiones suficientes para protegerse.
Alice y Catherine son, probablemente, lo más interesante de Furious. Aunque en un principio se encuentran en contraposición, las dos están marcadas por experiencias traumáticas y violentas que condicionan su manera de enfrentarse al mundo. La investigación hace que Alice se acerque cada vez más a Catherine, pero también provoca que empiece a saltarse los códigos profesionales y éticos. La relación entre ambas termina siendo mucho más compleja e interesante que el simple juego del gato y el ratón entre una agente del FBI y una asesina.
Alice es, además, un personaje del que nunca llegamos a saberlo todo. La serie va revelando poco a poco diferentes aspectos de su pasado y cada nueva información permite comprender mejor su comportamiento, en ocasiones errático. Sin embargo, el final, en lugar de cerrar completamente el personaje, deja la sensación de que todavía esconde algo más. Esa incertidumbre funciona especialmente bien porque hace que el espectador no solo quiera saber qué ha ocurrido, sino también averiguar quién es realmente Alice. Por el momento, no hay una segunda temporada confirmada, pero, si la hubiera, hay material del que partir.
Rossum realiza una interpretación contenida como Alice, un personaje marcado por un pasado que conocemos solo parcialmente y por una investigación que acaba afectando a su propia vida. La actriz consigue transmitir su desgaste sin necesidad de recurrir constantemente a grandes gestos.
En cuanto a Catherine, vamos conociendo las razones que hay detrás de su venganza sangrienta, lo que permite entender el origen de su desequilibrio mental y de su rabia. Sin embargo, es muy difícil separar la comprensión de la justificación debido a la radicalidad de sus actos. Lola Petticrew consigue transmitir esa contradicción y evita convertir a Catherine en una simple asesina o en una heroína vengativa. Es un personaje capaz de despertar empatía y rechazo al mismo tiempo, y ahí está buena parte de su atractivo.
El enfoque feminista de Furious en algunos momentos se hace demasiado evidente. La propuesta pone el foco en las mujeres que han sufrido explotación, violencia y abusos, mientras que los personajes masculinos quedan casi en su totalidad relegados al papel de antagonistas que cometen ese tipo de actos.
Las acciones de las dos protagonistas reciben además un tratamiento mucho más complaciente, hasta el punto de que en ocasiones parece que se justifican actitudes que, desde una perspectiva más neutral, también deberían resultar cuestionables. Esta diferencia de tratamiento hace que el conflicto pierda parte de la ambigüedad moral que podría tener. El guion funciona mejor cuando permite que sus protagonistas sean contradictorias y menos cuando parece tener claro de antemano quién merece nuestra empatía.
El reparto secundario también tiene momentos destacables. Quincy Tyler Bernstine interpreta a Nora Washington, la superiora de Alice, una mujer exigente que tampoco es la agente ideal, pero que aporta además algunos de los momentos de humor de la serie. Scoot McNairy, como Danny Kelly, antiguo amigo y compañero de Alice en la Policía, funciona como contrapunto y aporta una dimensión más humana a la protagonista.
Más allá de la investigación, Furious pone sobre la mesa la trata de menores, la violencia dentro de la pareja y las consecuencias que dejan los abusos en quienes los sufren. Son temas que atraviesan toda la trama y ayudan a entender las decisiones de sus protagonistas. El problema es que, en algunos momentos, el mensaje se repite demasiado y deja poco espacio para que el espectador saque sus propias conclusiones.
Los ocho episodios presentan un ritmo bastante sólido y consiguen dosificar la tensión sin abusar de los giros. La investigación avanza con agilidad y el interés se mantiene a lo largo de todos los capítulos. Aun así, algunos giros resultan algo previsibles y determinadas tramas secundarias son mucho menos estimulantes que el conflicto entre Alice y Catherine.
Visualmente, la serie cuenta con una puesta en escena oscura y contenida que encaja bien con su tono. Los asesinatos no se convierten en un espectáculo y la serie presta más atención a las consecuencias de la violencia en las personas que la sufren que a la violencia en sí misma. El resultado genera una atmósfera hostil e incómoda que acompaña óptimamente a la evolución de los personajes.
El desenlace recupera algunas de las incógnitas que se han ido planteando sobre Alice y Catherine y resuelve buena parte de ellas. No obstante, sin entrar en detalles, el final deja también abiertas algunas preguntas importantes y, aunque no todas las respuestas resultan igual de satisfactorias, es fiel a la ambigüedad que ha acompañado a la serie desde el principio.
Larissa I. López

Larissa I. López es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, Máster en Artes de la Comunicación Corporativa y Doctora en Comunicación por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Su trayectoria profesional ha transcurrido entre el ámbito de la comunicación y el de la docencia. Ha colaborado en diversos medios especializados en cine. Actualmente es redactora en la edición española de la agencia de noticias zenit.