Crítica
Público recomendado: +18
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El cine está lleno de buenos musicales biográficos como Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018), Rocket Man (Dexter Fletcher, 2019) o la inferior, pero interesante, Back to Black (Sam Taylor-Wood, 2024). El séptimo arte se presta mucho a ellos gracias a la posibilidad de ensayar una y otra vez las secuencias, a la mejora de las voces en posproducción y a los cada vez mejores efectos especiales que hacen viable ver maravillas imposibles en el teatro. De ahí que tengamos en cartelera Better Man con el protagonista en forma de simio digital durante todo el metraje.
La historia real del ascenso meteórico, caída dramática e increíble resurgir de la superestrella de pop británica, Robbie Williams, uno de los mejores showmans de la historia. Bajo la dirección visionaria de Michael Gracey, la película se cuenta desde la perspectiva única de Robbie, reflejando su inimitable ingenio y su espíritu indomable.
Hay que reconocerle a Michael Gracey que tiene mano con los musicales: ya lo demostró en la magnífica El gran showman (2017) y ahora va un paso más allá con Better Man, dejando de lado el tono blanco y familiar que inundaba e impregnaba cada fotograma de la película protagonizada por Hugh Jackman. Ahora todo es más duro y tosco, muchas veces zafio, pero tiene su sentido: hablamos de la vida, hasta casi la actualidad, del exmiembro del grupo musical Take That, Robbie Williams, que no ha sido precisamente un santo, y el filme ni por un instante trata de ocultarlo. Será en modo de “adorable” simio, pero ese simio, como su alter ego, es un deslenguado que no renuncia a nada: tacos (varias blasfemias incluidas), alcohol, sexo, drogas… no es ni mucho menos un filme familiar sino pensado para los mayores de edad, para que puedan ver los peligros de lo que él mismo denuncia en primera persona: “Buscaba la fama… y la fama me jodió (sic)”. Sentimos el taco, pero la frase es literal.
Williams hace en Better Man un profundo examen de conciencia (es productor ejecutivo y se ha involucrado personalmente en el guion) y reconoce que su vida se empezó a descontrolar cuando aceptó la frase paterna “deslúmbralos”, intentando ser alguien que no era y aparentando seguridad cuando, en realidad, solo quería la aceptación de esa figura familiar que en breve desaparecería y solo reaparecería más tarde cuando ya no era Robert sino Robbie, el famoso cantante, de quien pensó que podría arañar fama y dinero. Por fortuna le quedaban su abuela, por quien sentía un inmenso cariño, y su madre, pero la familia ya estaba rota y ese roto le impactó sobremanera durante el resto de su vida. No hay autocomplacencia ni intención de caer bien al espectador: el cantante se rompió y echó su vida personal al traste a base de malas decisiones. Tenía lo que ansiaba, fama y dinero, pero estaba solo, desnortado y era un adicto a las drogas. Sin embargo, donde hay dolor también hay oportunidad de aprender y salir del atolladero, siempre que cuentes con la determinación adecuada y la ayuda necesaria, cosa que él tuvo.
En todo caso Gracey y sus guionistas, Simon Gleeson y Oliver Cole, no cargan las tintas sobre el cantante y también critican a una industria musical sin ningún tipo de valores ni moral, una capaz de, con tal de supuestamente asegurar el éxito de sus trabajadores (en el fondo, de la industria en sí misma, avariciosa sin límites), presionar hasta el extremo, tanto como para acabar sin miramientos con la vida de los más inocentes que no tienen voz para defenderse. El británico siempre reconoció que esa parte, vivida con Nicole Appleton, le ha hecho sentir auténtico dolor y asco tanto hacia sí mismo por no saber pararla hacia la industria por sus descarnados e inhumanos métodos.
Ya en la parte técnica, el director deslumbra en varias secuencias musicales como en ‘Rock Dj’, sin duda el número más impactante y logrado, o en ‘She’s the One’, con impresionantes cambios de ubicación y movimientos de cámara. Sin dejar de lado la mítica actuación en ‘Let Me Entertain You’, aunque esta deriva en un empacho de CGI que puede sacar a más de uno de la película. No falta ‘Angels’, una de las canciones más celebradas y profundas, que además remite a esa persona especial que nos cuida como lo hacen los ángeles de la religión cristiana: siempre a nuestro lado para guiarnos si los escuchamos.
Better Man encantará a los fans del artista y gustará mucho a los que no lo sean porque no es una película para encumbrarle sino una fe de erratas en toda regla, un “sí, me equivoqué de cabo a rabo, pero supe levantarme y aprender” de una persona arrepentida y redimida, felizmente casada, con cuatro hijos y aún mucha vida que vivir, canciones que cantar y público que encandilar.
Miguel Soria