Crítica
Público recomendado: +13
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We Live in Time (Vivir el momento), dirigida por John Crowley, nos sumerge en la historia de amor entre Tobías (Andrew Garfield) y Almut (Florence Pugh). La película sigue su relación a lo largo de una década, explorando sus momentos más significativos: el descubrimiento del amor, los altibajos de la convivencia, la enfermedad y las cicatrices que deja el paso del tiempo. Contada mediante una narrativa no lineal, la película revela fragmentos de sus vidas como piezas de un rompecabezas emocional que los espectadores deben armar.
La película sigue a Tobías, un hombre recién divorciado, y Almut, una chef en ascenso, quienes se conocen de manera fortuita en el sur de Londres. Su relación evoluciona rápidamente, llevándolos a construir una vida juntos, marcada por momentos de alegría y complicidad. Sin embargo, la narrativa da un giro significativo cuando Almut es diagnosticada con cáncer, poniendo a prueba la fortaleza de su vínculo y enfrentándolos a la fragilidad de la existencia humana.
Crowley opta por una estructura temporal fragmentada para contar la historia, presentando los momentos más relevantes de la relación de la pareja de manera desordenada. Este enfoque busca reflejar la naturaleza impredecible del amor y de la vida, y a la vez mostrar cómo la temporalidad humana no sigue un tiempo estrictamente físico, sino que se organiza alrededor de nodos cruciales de la existencia –como lo indica el tema musical que acompaña las escenas más significativas, Back to Back de Bryce Dessner – aunque este abordaje puede resultar confuso para el espectador. Las actuaciones de Garfield y Pugh son el corazón de la película, aunque es Florence Pugh quien destaca, con una sensibilidad y una capacidad de identificación con su personaje que eleva cada escena. Además, la química entre ambos actores es innegable, lo que crea una genuina conexión emocional con la audiencia.
La representación de la enfermedad de Almut es abordada con bastante tacto, evitando caer en clichés melodramáticos. La dirección de Crowley, combinada con una banda sonora evocadora y una cinematografía que captura la esencia de Londres, crea una atmósfera íntima y pausada.
En resumen, We Live in Time es una obra que invita a reflexionar sobre la naturaleza del amor, el paso del tiempo y la inevitabilidad de la pérdida. Aunque su estructura narrativa puede no resonar con todos, y por momentos arriesga caer en un sentimentalismo que podría rozar lo excesivo, las sólidas interpretaciones de sus protagonistas y la dirección de Crowley logran ofrecer una experiencia emotiva y delicada.
Anna Piazza