Bonhoeffer, el espía

Crítica

Público recomendado: +12

Cada año que pasa nos vamos enterando de más casos de católicos y protestantes, que se jugaron de una u otra forma la vida por salvar a judíos como es el caso del diplomático español Sanz Briz o de la tiranía del nacionalsocialismo durante la Segunda Guerra Mundial con producciones de bella factura como Vida oculta (2019), en la que Terrence Malick nos habló de una persona en proceso de beatificación o Sophie Sholl (2005), inspirado en el movimiento de la rosa blanca. Incluso de un modo más comercial, Tom Cruise nos habló del intento de magnicidio del oficial alemán de la Wehrmacht Claus von Stauffenberg a través de la operación Valquiria para evitar la muerte de muchos niños soldados que tuvieron que defender Berlín antes de que terminara cuando la guerra estaba del lado de los aliados y en esta ocasión hablamos de un espía alemán Dietrich Bonhoeffer. Estas historias complementan la enorme labor de Pío XII y su secretaria particular sor Pascualina, salvando miles de judíos como se puede comprobar en el libro de Paul I. Murphy y R. René, titulado La Papisa.

El caso es que llega el trabajo del cineasta Todd Komarnicki en una coproducción de Irlanda y Bélgica, basada en hechos reales. Este director ha sido el guionista de Sully (2016) de Clint Eastwood y de la película Entre la razón y la locura (2019) con Mel Gibson.

Bonhoeffer, el espía de Angel Studios ha contado con un presupuesto “apañado”, que no tiene que envidiar a las grandes producciones de Hollywood, pues los escenarios escogidos; la fotografía y el vestuario van en consonancia con el buen guion que cuida el detalle y en el que nos encontramos buenas dosis de drama, intriga y la fuerza del mensaje cristiano, mediante esa figura histórica tan carismática. Los diálogos son fluidos y cargados de un significado especial, siendo fieles a las enseñanzas del Evangelio para dar el paso a la acción, viviendo su fe profundamente y con cierta coherencia haciendo  honor al refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Este señor, recordado por esta significativa frase: “Guardar silencio frente al mal es el mal en sí mismo. Dios no nos juzgará como inocentes. No hablar es hablar. No actuar es actuar”. Cuando se infiltra desde la resistencia cristiana en el partido creado por Hitler se plantea, en una oración posterior y a través de una conversación con un pastor baptista, si el fin justifica los medios o si es momento de la legítima defensa y si sería correcto cometer un magnicidio. Su estancia en Estados Unidos fue fundamental para comprender que el racismo de algunos lugares de ese lugar del mundo guardaba ciertos paralelismos con lo que ocurría en Alemania, así como supo trasladar su vivencia cristiana para llevar el góspel al protestantismo alemán. De hecho, la banda sonora es muy buena y la canción de los créditos finales está cargada de significado.

Finalmente,  esta es la historia de un hombre valiente y de su amigo, un obispo luterano que supo rectificar su error como queda reflejado en la siguiente oración de Niemöller que ha traspasado fronteras y que tiene varias versiones:

«Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,

guardé silencio,

ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,

no protesté,

ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no hubo nadie más que pudo protestar».

Víctor Alvarado

https://www.youtube.com/watch?v=N9H7LB82Fuw

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