Corazones rotos

Crítica

Público recomendado: +13

El amor juvenil, ese torbellino impredecible que parece desafiar las normas y la razón, es el tema de la última película de Gilles Lellouche, L’amour ouf, estrenada en España con el título Corazones rotos. En una historia que nos transporta a los años 80 y 90, y a un contexto social marcado por tensiones y desigualdades. El director nos introduce en la intensa relación entre dos jóvenes que, a pesar de las diferencias, comparten una pasión desbordante y, a la vez, una gran fragilidad.

Jackie (Mallory Wanecque – Adèle Exarchopoulos), proveniente de una familia estable, pero marcada por el dolor de la pérdida, y Clotaire (Malik Frikah – François Civil), un joven rebelde y problemático, son los protagonistas de este relato cargado de simbolismo y emociones encontradas, que tiene ecos de Corazón salvaje de Lynch.

Con esta película, Lellouche parece querer evocar a esos amores adolescentes que, aunque fugaces o prematuros, nos marcan para siempre. Contada a lo largo de más de 12 años, la historia entre Jackie y Clotaire, que no deja de enfrentarse a la inevitabilidad del destino y las presiones sociales; busca mostrar que el amor verdadero, aunque doloroso y turbulento, puede ser una vía para la redención.

Aunque tenga un enfoque interesante, Corazones rotos arriesga a quedarse atrapada entre la sinceridad de su propuesta y una ejecución que a veces cae en lo predecible. La película abusa de ciertos clichés del cine romántico; desde el joven rebelde que desafía la autoridad, hasta el amor imposible que se convierte en una batalla contra las expectativas familiares y sociales. Y, a pesar de las buenas intenciones, los planos rebuscados de la dirección de Lellouche, que a veces parecen más interesados en impresionar que en contar la historia, en parte restan intimidad al relato.

No obstante, las interpretaciones de Adèle Exarchopoulos y François Civil como Jackie y Clotaire, sumadas a una destacada banda sonora y una estética de los 80/90 muy cuidada, logran mantener el pulso de la película. Los actores dan vida a personajes complejos que, a través de su evolución, nos muestran el verdadero peso de las palabras, la distancia y el perdón. Aunque la cinta se vea arrastrada en ocasiones por su deseo de ser grandilocuente, el vínculo entre los protagonistas y las emociones que despierta es muy genuino.

Corazones rotos es una película sobre el amor en sus formas más puras y contradictorias. A través de la música, los momentos estéticos y nostálgicos, y la lucha constante de los personajes por encontrar su lugar en el mundo, Lellouche nos invita a reflexionar sobre las heridas que la dureza de la vida y el mismo amor pueden dejar, pero también sobre la posibilidad de sanarlas, aun cuando parezca imposible. Sin duda, es un relato de altos y bajos, y posiblemente demasiado largo, pero, al final, logra tocarnos y transmitir de manera directa la intensidad de las emociones que representa.

Anna Piazza

https://youtu.be/RhEXS39DHVA?si=6Ncp41a7DlVFQzxK

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