El sueño americano (Le Rêve américain)

Crítica

Público recomendado: + de 12 años

Anthony Marciano dirige una de las sorpresas del cine familiar de este verano.

Apenas conocido en nuestro país, el realizador francés es el creador de Hazme volar (otra conmovedora historia de superación personal), y una buena colección de comedias como Play, Les Gamins –con la super estrella de la comedia francesa, Sandrine Kiberlain-, Forte o la serie de TV Miskina, pobre chica. 

La historia sigue a Jérémy, un despreocupado trabajador de un videoclub en Amiens, y Bouna, limpiador en el aeropuerto de Orly. Sin contactos, sin dinero y con un nivel de inglés muy bajo, nadie habría predicho que acabarían como agentes de renombre en la NBA. Estos dos marginados, gracias a su pasión absoluta por el baloncesto y su inquebrantable amistad, superaron todos los obstáculos para alcanzar su sueño americano. La historia de años de dificultades que los llevaron a su primera gran oportunidad: el nuevo contrato de Nicolas Batum con los Portland Trail Blazers en 2012, por 46 millones de dólares durante cuatro años.

Muy lejos de parecerse a una superproducción al estilo de Nolan, Pixar o Marvel, se echaba de menos una película de corte humanista en su expresión más humilde. El sueño americano es una cinta honesta, divertida y cercana, con el equilibrio justo de ambición narrativa para no eclipsar nunca la sencillez de su premisa ni de su producción. Si bien en determinados momentos asoma cierto aire de serie B, lejos de perjudicarla termina reforzando precisamente aquello que pretende transmitir: autenticidad.

Incluso, en ese sentido, el reparto es perfecto: Jean-Pascal Zadi y Raphaël Quenard encarnan con enorme naturalidad a dos héroes cotidianos, Bouna y Jérémy, felices simplemente por comprarse su primer traje cuando empiezan a abrirse camino como empresarios.

Es una película redonda, completa, una historia de principio a fin. Narrativamente apuesta por una estructura completamente lineal, algo que muchos espectadores agradecerán, lejos de los bucles temporales y los artificios que, en ocasiones, terminan distrayendo de lo verdaderamente importante. En este caso, al responsable del montaje, Guillaume Lauras, parecen no afectarle las modas, y su estilo es rotundamente conservador, efectivamente directo y 100% eficiente. 

El guion está bien construido, quizá incluso peca de austero. Anthony Marciano opta por una escritura contenida, inspirada en la historia real de Jérémy Medjana y Bouna Ndiaye, quienes aparecen simpáticamente durante los créditos finales.

El verdadero atractivo de la película reside, más allá de sus notables virtudes cinematográficas, en los valores que sostienen la historia. Marciano rescata de la vida de estos héroes sin capa una reivindicación del esfuerzo, la amistad y la perseverancia, tendiendo la mano al gran público en busca de inspiración y recordando que el trabajo bien hecho también merece su recompensa.

Rosa Die Alcolea

http://youtube.com/watch?v=1–mZ10Rrnw

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