Crítica
Público recomendado: +16
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Fall 2: Deadpoint es un drama de thriller psicológico de 1 hora y 35 minutos que intenta superar o igualar a la primera película y el éxito que tuvo. La historia sigue a Jax, quien junto a su vieja amiga Luce emprende una escalada en un monte de Tailandia para rendir homenaje a Shiloh, su hermana fallecida. Lo que empieza como un ascenso cargado de recuerdos se convierte en una pesadilla cuando un desprendimiento de rocas las deja completamente aisladas a 1.500 metros de altura, colgadas sobre unos tablones deteriorados y a punto de ceder, sin señal, sin ayuda cerca y con el tiempo corriendo en contra.
Dirigida por los hermanos Peter y Michael Spierig, la película deja atrás la torre de comunicaciones de la primera entrega para llevar la acción a un entorno todavía más hostil. El elenco está encabezado por Harriet Slater, quien da vida a Jax (Indiana Jones y el dial del destino). La acompaña Arsema Thomas, en el papel de Luce (Queen Charlotte: A Bridgerton Story). Completa el trío Tom Brittney. A nivel visual se nota un salto importante respecto a la primera entrega: mientras que Fall se apoyaba en efectos digitales bastante limitados por su presupuesto reducido, Deadpoint cuenta con rodaje real en locaciones de Tailandia y una inversión mayor en efectos especiales, lo que se traduce en paisajes más imponentes y una sensación de altura mucho más convincente en pantalla.
El problema es que, más allá de lo visual, comparada con la primera Fall esta secuela repite bastante la fórmula ya vista. La original apostaba todo a la altura de una torre abandonada y a dos amigas, Becky y Shiloh, atrapadas sin salida. Lo que la hacía especial no era solo el vértigo físico, sino el costado psicológico de Becky. Donde la protagonista tiene un colapso mental, casi tanto como del físico. Deadpoint vuelve a plantear una escalada que sale mal y a dos amigas atrapadas con secretos entre ellas, y al saber de antemano hacia dónde va la historia, se pierde bastante el factor sorpresa. Uno se queda esperando el mismo final que en la primera entrega, con un personaje diferente.
Es una película pensada para los que disfrutan de las emociones fuertes y de poner a prueba su propia tolerancia al vértigo desde la butaca, aunque quienes buscan algo más original puedan sentirse un poco defraudados. Para los amantes del suspenso y del thriller es una película que se recomienda, pero no supera a su primogénita. Para quienes disfrutaron de la primera parte, esta secuela puede resultar entretenida.
Entre tanto peligro físico también asoma algo más profundo: la culpa, el duelo y la necesidad de reconciliarse con quienes ya no están, o con lo que uno mismo prefiere no ver. La película deja una idea sencilla pero valiosa: cargar solo con el peso de una pérdida o de un secreto puede ser tan peligroso como cualquier caída, y aceptar la verdad, aunque duela, suele ser el primer paso para sanar.
Rocío Jacoboski