Here

Crítica

Público recomendado: +12

Cuando a Zack Snyder se le ocurrió la descabellada idea de adaptar Watchmen, una da las grandes novelas (gráficas o no) del s. XX, a la gran pantalla, su artífice y guionista, Alan Moore, dijo que le borraran de los créditos; había cosas, decía, que solo se podían contar con el lenguaje propio del cómic, pero que eran imposibles de traducir al del cine. Moore tenía razón. Ni el más original de los directores, ni un realizador con mayor habilidad e inteligencia que Snyder (quien aún se debe creer que adaptó un tebeo de superhéroes) hubiera conseguido transponer la genialidad narrativa, icónica y simbólica de Watchmen al séptimo arte. Afortunadamente, cuando Damon Lindelof resolvió crear la serie homónima para HBO, tuvo la inteligencia de evitar el marco espaciotemporal de la obra original, y de servirse exclusivamente (y con gran originalidad, por cierto) de los recursos propios del audiovisual. Y es que cine y cómic son artes similares, pero separados por una sutil diferencia: el uno es secuencial en el tiempo, el otro lo es en el espacio.

Por ello mismo, era de esperar que ni la pericia técnica de Zemeckis ni su atractiva determinación de reunir, treinta años después de Forrest Gump (1994), a Tom Hanks y Robin Wright delante de las cámaras —ni aun el hecho tener de nuevo al genial Alan Silvestri a cargo de la partitura— consiguiera transmitir, siquiera de lejos, la genial densidad de significado y la originalidad narrativa de Here (1989), aquel cómic underground de seis páginas en blanco y negro que contaba la historia de los Estados Unidos —desde los dinosaurios al futuro desconocido— y reflexionaba sobre la fragilidad y la gloria del ser humano desde la esquina de una casa.

Here –se puede consultar aquí aquella perla original— explotaba al máximo las posibilidades del cómic como lenguaje, superponiendo múltiples líneas temporales –cada una con su diégesis, independiente de las demás— sobre un espacio que siempre era el mismo. Una propuesta rarísima que era, a la vez, arte, experimento y teorización sobre el medio; no en vano, el Here primigenio está considerado como uno de los cómics más influyentes de la historia por las vacas sagradas del noveno arte, con Chris Ware a la cabeza. Fue, de hecho, casi un infortunio que el propio McGuire quisiera expandir, con una obra de idéntico título publicada en 2020, su innovador concepto a un volumen de trescientas páginas a todo color, intercalando las historias de varias familias a lo largo de las páginas fragmentadas en viñetas irregulares. No obstante, el uso del color y de diversos estilos gráficos conseguía salvar aquella empresa y, si bien la novela gráfica nunca tendrá la frescura de las seis páginas originales, mantiene de modo consecuente su concepto espaciotemporal. Y, en última instancia, se lee con gusto.

Casi nada de eso, sin embargo, ha llegado a la adaptación de Zemeckis, por momentos fiel al volumen de 2020. Son escasos los encuadres en los que, como en la obra de partida, conviven a nivel narrativo varios tiempos distintos, y la coexistencia de más de dos de ellos se revela como una empresa imposible; la mayor parte de las veces, la fragmentación de la pantalla equivale a una suerte de transición lenta entre líneas temporales distintas, y en ocasiones, ni siquiera se acaba de comprometer Zemeckis con este concepto. Por otra parte, era de esperar que la cohabitación de Hanks y Wright dentro del encuadre fuera una suerte de declaración de intenciones; así, si en Forrest Gump se exploraba a través de sus personajes la Historia de los Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX, Here debía suponer una indagación más amplia, casi ilimitada en el tiempo, desde la prehistoria hasta nuestros días. Pero esta pretensión se queda a medias, y el relato acaba centrándose, de nuevo, en el lapso de una vida: la de los protagonistas Richard y Margaret Young, interpretados por los arriba mencionados, cuya actuación está de continuo alterada por el rejuvenecimiento (o el envejecimiento) digital, a veces con tan poco éxito que el resultado se antoja enlatado.

A un nivel aún más profundo, se puede afirmar que el metraje de Here se debate de continuo entre la narración y la antinarración, entre el experimento y la taquilla, entre el cine de autor y el cine de masas, y acaba por quedarse en tierra de nadie; un metraje, por cierto, que podría haber durado exactamente la mitad o el doble, y exactamente lo mismo hubiera contado. Es por ello que el film que nos ocupa, si bien presenta algunos elementos atractivos, naufraga en su propósito último, y su interesante reflexión sobre el devenir del mundo se revela en última instancia como incapaz de sostener una obra tediosa y fallida.

Rubén de la Prida

https://youtu.be/I_id-SkGU2k?si=suBRWQ09r8z5bfqe

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