Crítica
Público recomendado: +16
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En Hollywood parece que hay un eterno poder gracias al cual casi cualquier saga que parezca agotada encuentra, tras un tiempo, la forma de renacer y seguir adelante. Jurassic Park, una de las gallinas de los huevos de oro de Universal Pictures, está de vuelta, y renace precisamente con una entrega que se llama así: Jurassic World: El renacer, con acierto en guion y dirección.
Cinco años después de los acontecimientos de Jurassic World: Dominion, la ecología del planeta Tierra ha demostrado ser insoportable para los dinosaurios. Los pocos que quedan viven en ambientes aislados en las regiones ecuatoriales, donde el clima se parece al que conocieron antaño. Las tres criaturas más grandes dentro de esta biosfera tropical son clave a la hora de fabricar un medicamento que aportará beneficios milagrosos a la raza humana. Zora Bennett, una experta en operaciones encubiertas, es contratada para dirigir a un equipo de especialistas en una misión secreta cuyo objetivo es conseguir material genético de los tres dinosaurios más grandes existentes en el mundo. Pero la operación liderada por Zora se cruzará con una familia cuyo barco volcó por culpa de unos dinosaurios acuáticos y todos acaban en una isla donde descubrirán un secreto de lo más siniestro que había permanecido oculto para el mundo durante décadas.
Una de las mejores noticias que se dio en su momento sobre esta nueva entrega es que el guion iba a ser del mismísimo David Koepp, que no es precisamente un cualquiera: suyos fueron los libretos de las dos primeras películas de Jurassic Park, las mejores hasta la fecha (ambas dirigidos por el Rey Midas del cine Steven Spielberg). O sea, que el que comenzó todo escribiendo iba a retomar una saga que estaba agotada y además había dejado un mal sabor de boca tras la superficial y vacía Jurassic World: Dominion a pesar de contar con un reparto estilo Los Vengadores: Endgame, esto es, las nuevas estrellas lideradas por Chris Pratt junto a las estrellas clásicas lideradas por Sam Neill. Pero, como hemos dicho muchas veces, tener un reparto de lujo no asegura una buena película si el guion no es bueno, y el libreto de esa entrega era muy cuestionable. Así que ni corto ni perezoso Koepp ha prescindido de todos esos personajes para contar una nueva historia con otros nuevos, dividir la narración en dos grupos (los científicos y la familia latina, que tendrán que sobrevivir como buenamente puedan), incluir muchos guiños a las películas de siempre y tener en la dirección a un experimentado director como Gareth Edwards, responsable de éxitos como The Creator (2023), Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) o Godzilla (2014).
Y ahora que por fin tenemos a un buen guionista, un director competente y unos buenos actores liderados por Scarlett Johansson (quien lleva más de 15 años intentado meterse en una saga que asegurar adorar y admirar), el resultado es este: hay que ir al cine a verla porque merece la pena, ya lo creemos que la merece.
Koepp y Edwards no revolucionan nada pero logran algo muy importante: hacen renacer el niño que los talluditos llevamos dentro, esos cuyos pelos se ponen de gallina cuando ven algunos planos con la música original de John Williams (coge el relevo aquí Alexandre Desplat pero mantiene el tono y la épica que le dio el maestro Williams). Y además tratan temas que siempre están de moda como esa ciencia que piensa que toda acción es justificable si el objetivo es bueno, o esas empresas farmacéuticas que están dispuestas a lo que sea (incluso cometiendo ilegalidades por el camino) con tal de ser las primeras y ofrecer productos que pueden salvar millones de vidas pero a un precio desorbitado fuera del alcance de la inmensa mayoría que padece las enfermedades que ellas pueden curar, es decir, medicina solo para los más ricos. Otro logro es hablar de los dañinos efectos climáticos en los dinosaurios sin mencionar el (con razón) muy cuestionado cambio climático.
También se habla de la unión familiar, de heroísmo y sacrificio por los demás y, de forma brevísima pero acertada, de no hacer caso a las críticas de los demás y dar lo mejor de sí mismos, total, hagamos lo que hagamos siempre habrá gente que nos critique, así que lo mejor es ser fiel a nuestros ideales y seguir adelante siempre que sea la búsqueda del bien.
En la dirección Edwards dirige con mano firme espectaculares secuencias como el arranque, una intensísima persecución en el mar, una escalada de alto riesgo y otras tantas que mantienen al espectador pegado a su butaca, todo con un bestiario de un realismo sorprendente y una integración fantástica con los humanos. Los nuevos “bichejos” fruto de los experimentos científicos realmente imponen y transmiten adecuadamente la idea de que jugar a ser Dios no puede dar nada bueno. Y, algo que es muy de agradecer, constantes guiños a los anteriores filmes consciente de la deuda impagable que tiene para con Spielberg, quien por cierto hace de productor ejecutivo. En el reparto están todos muy bien, brillando sobre todo Johansson (se nota que le tenía ganas a la saga y lo cierto es que clava su personaje) y Mahershala Ali.
Así que sí, este es el renacer que necesitaba la saga, tanto visual como narrativamente, con personajes sencillos pero bien construidos, algunos con un buen arco de transformación que muestra que siempre tenemos capacidad de reflexión y redención. Los más jóvenes sentirán el deseo de ver las primeras películas y los más mayores volverán a sentir lo que sintieron en 1993 cuando los dinosaurios amenazaron con, de nuevo, dominar la tierra.
Miguel Soria