The Last Showgirl

Crítica

Público recomendado: +18

Más allá de todas nuestras inquietudes y deseos personales, existe algo inexorable: que todos nos haremos viejos y que el tiempo será cada vez más decisivo. En el arte de la narración, del cine y de la literatura, existe un arquetipo conocido como Lo viejo y lo nuevo, en donde vemos la descomposición de una casa, de un país, de una comunidad o, en el caso que nos ocupa, de un show musical. 

La película The Last Showgirl, candidata en los últimos Globos de Oro, nos presenta a una experimentada bailarina que debe reorganizar su vida, cuando le comunican que su espectáculo cierra, tras haber trabajado durante 30 años ininterrumpidos. Lo interesante de “la desintegración de algo o de alguien” no es sólo la toma de conciencia de la muerte (que ayuda a recapitular la vida) sino que al final vemos qué se mantiene intacto, qué resiste el impacto del tiempo. Esta bailarina, notablemente interpretada por Pamela Anderson (sí, aquella de la serie de T.V. Vigilantes de la Playa, 1992), descubrirá en la relación con su hija, un deseo profundo que no ha desaparecido con el paso de los años, sino que aún está vivo y se puede afirmar. Es como la saga de películas catastróficas como Twisters (2024) o películas como Lo imposible (2012) o El día de mañana (2004). ¿Qué queda tras un huracán que arrasa? Como dice Rosalía en su canción Sakura, en un mundo de plástico donde no se encuentra la verdad, el fuego lo arrasa todo (para ver qué resiste, qué queda intacto). 

De este modo, aparte de la descomposición de una vida, The Last Show Girl afirma una relación (la que tiene con su hija), también existe también la denuncia explícita de cómo se trata a una mujer cuando alcanza cierta edad. En este sentido, The Last Showgirl se enmarca en la línea de La Sustancia de Demi Moore, aunque la que nos ocupa presenta algunas diferencias sustanciales: por ejemplo, que aborda al personaje masculino sin maniqueísmo; con matices, sin exageraciones. Desde otro punto de vista, vale la pena rescatar la película El becario (2015), una entretenida y valiente historia en donde vemos cómo a un hombre de gran edad (Robert de Niro) no solo no se le cuestiona tanto (como a una mujer), sino que incluso se convierte en asesor principal de la protagonista (Anne Hathaway). Aprovecho para señalar que la película El Becario, de la directora Nancy Meyers (El padre de la novia), es de las pocas comedias románticas en donde se apuesta por el perdón dentro de la vida matrimonial, tras una infidelidad. 

The Last Showgirl está dirigida por Gia Coppola, la nieta de Francis Ford Coppola (Apocalipsis Now (1979), la saga de El padrino) y se acerca al tono documental al tiempo que mezcla muy bien la relación humana entre madre e hija, interpretada espléndidamente por Kiernan Shipka (conocida por series como Mad Men, Sabrina). Por otro lado, resulta muy acertado el uso del desenfoque y la luz que atraviesa muchos fotogramas, para expresar el drama interno de los personajes, así como la percepción que se pueda tener de ellos.

En este sentido, la mirada sobre el “otro”, el conocimiento del prójimo es fundamental tanto para una sociedad sana como para el reconocimiento de la dignidad de la persona. El cine, con historias llenas de verdad (aunque no sean grandes referentes morales perfectos), nos recuerda que somos mucho más que nuestros errores… como descubre el personaje de Pamela Anderson en la relación con su hija. En una época como la actual, idiotizada por lo virtual y obsesionada por la perfección (la verdad), convienen historias como ésta, para no reducir al otro (a su pecado) y despertar. Por cierto, dura tan solo 86 minutos, una experiencia poderosa pero sencilla e interesante. 

Carlos Aguilera Albesa

https://www.youtube.com/watch?v=hZDs_lLGrTU

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