Crítica
Público recomendado: +16
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Inasequible al desaliento. Es lo que parece Sony intentando, una y otra vez, acercar al gran público personajes secundarios de los cómics que traslada al cine, a pesar de sus fracasos en taquilla y de las duras críticas. Sean héroes o villanos, no están teniendo suerte y Kraven the Hunter, aunque está por encima de la media, sigue sin dar en el clavo como era de esperar.
La visceral historia de acción sobre cómo y por qué uno de los más icónicos villanos de Marvel llegó a serlo. Aaron Taylor-Johnson interpreta a Kraven, un hombre cuya compleja relación con su despiadado padre, Nikolai Kravinoff (Russell Crowe), le hace emprender un camino de venganza con brutales consecuencias, motivándole a convertirse no sólo en el mejor cazador del mundo, sino también en uno de los más temidos.
¿Qué tienen en común Madame Web y Venom: El último baile? Exacto, que han sido fiascos de crítica y púbico. ¿La razón? Exacto, un guion caótico con personajes poco desarrollados que lo fiaban todo a algunas secuencias llamativas. Por eso J.C. Chandor, con libreto de Matt Holloway, Art Marcu y Richard Wenk, ha ido por otros derroteros centrando la atención del público en los conflictos familiares de Kraven: una familia desestructurada con una madre ausente, un padre excesivamente duro y un hermano al que proteger… pero familia, al fin y al cabo, y la familia es lo más importante, aunque tu padre sea un villano. En este sentido el guion tiene más altura de miras que los susodichos fracasos, aunque tampoco es para lanzar cohetes.
A nivel actoral hay un muy buen trabajo de Aaron Taylor-Johnson, quien parece haberle cogido el gusto a eso de interpretar superhéroes: ya estuvo en Los Vengadores: La Era de Ultrón como Quicksilver. Ahora es Kraven, con un imponente trabajo físico y secuencias muy interesantes, como una intensa persecución a un coche con guiño directo a una de las secuencias más emblemáticas de una de las mejores películas del universo Marvel: Capitán América: Civil War. Vale, Taylor-Johnson no es Chris Evans, pero le ha quedado muy bien esa parte con el helicóptero. No se puede decir lo mismo de los últimos minutos de película, donde de repente echa por tierra el discurso que venía manteniendo y que abre la puerta al villano del Hombre Araña que conocemos de los cómics. Pasa lo de siempre: guion, guion y guion; y cuando éste falla, se nota. El resto de actores cumple, sobre todo Russell Crowe que, como es habitual, llena la pantalla cada vez que aparece.
Está bien, aunque sea breve, esa crítica a los cazadores furtivos y el enorme daño que hacen a la naturaleza, por fortuna sin meterse en innecesarios berenjenales ecológicos políticamente correctos sobre la caza, la legal y regulada que realmente hace falta.
Por su parte los fanáticos de Marvel encontrarán varias referencias a los cómics, como ese famoso periódico que conecta con la saga de Spider-Man o citas a villanos conocidos. No son suficientes para levantar el vuelo ya que el libreto no da más de sí, pero se agradecen.
En esta ocasión la adaptación no se puede recomendar a menores ya que el nivel de violencia es muy elevado, casi tanto como en Deadpool y Lobezno. Hay muertes muy cruentas, pero no se recrea en ellas y se corta en el momento justo.
El baremo no es tan negativo como en los otros casos, pero se sigue notando que no se acaba de cuidar la historia y tenemos el dilema de siempre: ¿cómo piensan, en el futuro, hacer parecer villanos a personajes que en sus películas dedicadas son los buenos de la función? Es un tema pendiente en el Universo cinematográfico de Marvel, aún convulso tras las últimas decisiones tomadas. Esperamos que con los recientes re-fichajes la cosa se reconduzca porque, de seguir así, los futuros superhéroes carecerán de lo que les hace ser realmente tan grandes: un villano a la altura.
Miguel Soria