Crítica
Público recomendado: +18

Celia Rico retorna a la gran pantalla con la adaptación de la novela homónima de Rafael Chirbes. La buena letra explora, a la luz del tratamiento familiar de la directora sevillana, las heridas provocadas por la Guerra Civil, convertidas en ardientes cicatrices en posguerra española. Estamos ante una notable obra que se mete en la cocina valenciana, entre guiso y silencios. Tal y como confesó la misma cineasta andaluza, la cinta está producida a propuesta de Fernando Bovaira, habitual colaborador de Amenábar.
La buena letra nos presenta a Ana, encarnada por una espléndida Loreto Mauleón, una mujer que sostiene a su familia en un pueblo gravemente marcado por la Guerra Civil. En medio de cazuelas y miradas que lo dicen todo, la protagonista intentará aliviar el dolor de su cuñado Antonio, pero la llegada de su nueva esposa alterará el orden doméstico.
La directora de Viaje al cuarto de una madre (2018) desarrolla en esta ocasión un drama con total sobriedad y minimalismo, aprovechando la cámara para expresar infinidad de conceptos a través de los detalles más coloquiales, desde los crucifijos en la pared hasta el vapor de una olla. La cineasta huye de las grandes muestras y del virtuosismo, algo que ayuda a potenciar la extrema incomodidad que sufren los personajes. No necesita construir discursos teóricos sobre el conflicto armado, prefiere hablar de sus consecuencias naturales en la gestualidad reprimida de la familia, incluso en las escenas de sexo, nunca explícitas en lo impudoroso, pero siempre cargadas de asfixia vital.
Por la parte del guion tenemos en clave femenina una red de relaciones comprometidas, en la que cada protagonista carga con su propia cruz. Entre la forzada penitencia de unos y el desfogue de otros, todos buscan un refugio casi inalcanzable. Si bien la dirección consigue esa fantástica atmósfera opresiva, no tan bueno es el ritmo pausado, de manera intencionada claro está, que subraya con exceso el peso de unos silencios que quizá habrían estado más asegurados con elipsis narrativas.
En cualquier caso, La buena letra pone sobre la mesa un cuestionamiento radical del concepto de sacrificio y la moral sexual de la época. Por una parte, tenemos a Ana haciendo de esa mujer que sublima su sexualidad siempre acogida al espíritu de entrega, y en las antípodas a Isabel, un ser desafiante con lo establecido. El retrato de las escenas íntimas, con planos cortos y luz tibia, hablan sin juicio de un campo de batalla, de deseos reprimidos e inseguridades palpables más que de pecado o santificación.
Es evidente que Celia Rico traslada a su película una denuncia implícita a la hipocresía de una sociedad que normalizaba con purista galería una sexualidad virtuosa mientras en lo escondido profesaba otros pensamientos. Podría decirse que La buena letra es un retrato generacional que incomoda tanto en cuanto hiere en el miedo y la culpa, una interpelación a la memoria colectiva que, sin ser del todo acertada, sí remueve unas raíces algo desgastadas.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=BFBk72Kn9VA&ab_channel=CaramelFilms