Crítica
Público recomendado: +12

El documentalista vasco Asier Urbieta debuta en el largometraje con una pieza eminentemente realista y sobria, que emplea el formato y altavoz que supone el cine para ejecutar un relato formal y contenido sobre la ética en la delicada esfera de la inmigración. Si bien no todo está tan optimizado como debiera, uno de los grandes pluses de La isla de los faisanes es el experimentado equipo que hay detrás de guion, producción y fotografía.
Los productores de As bestas (2022) nos sitúan en el mismo traspaso de soberanía de la Isla de los faisanes (condominio hispano-francés), frente al río Bidasoa, cuando el cuerpo de un migrante es devuelto ahogado por las aguas. La funcionaria local Laida y el vecino senegalés Sambou buscarán dignificar al fallecido entre protocolos deshumanizantes.
Uno de los grandes aciertos de la película es la dirección de Urbieta, que prioriza la contención a modo documental. Su mirada a los hechos es testimonial, prefiere no intervenir para que el espectador participe de forma natural a la par de incómoda. Un ejemplo de esto es la secuencia del cadáver flotante, capturada en plano general, cuya visibilidad es alterada por la niebla, ofreciendo al público una escena de belleza artística en la incomparable tragedia.
A la virtuosa filmación se une un guion que, aunque no explota al máximo las posibilidades, sí acierta de lleno en no posicionarse de viva voz. El retrato de prácticamente todo es tan valiente como apropiado, evitando la caricatura y demonización de ambas partes, dejando respirar las mismas dudas a funcionarios, activistas y protagonistas en general.
Esto posibilita que el espectador se adentre con una historia de realismo social creíble, así como que las actuaciones del elenco sean convincentes, llenas de detalles, matices y gestos que enriquecen la autenticidad de sus personajes. En esta línea, no podemos olvidar el crucial apoyo del diseño sonoro, que actúa con potencia atmosférica, creando una banda sonora del todo orgánica.
La isla de los faisanes es un sí general, aunque ciertamente peca de ritmo desigual, sobre todo en un segundo acto que perece en la tensión característica de la cinta. Véanse los procesos burocráticos demasiado extendidos. Del mismo modo, hay ciertos personajes secundarios cuya construcción no está a la altura de los protagónicos, dejando la impresión de ser algo arquetípicos.
Pero lo más interesante de la obra de Urbieta es el evidente cuestionamiento de la situación migratoria que vivimos actualmente, una realidad que afecta a todas las conciencias, manipulada por ideologías y gobiernos, pero en crudo perpetuada en una crisis que nos interpela como seres humanos. ¿No es el otro el prójimo? En estas líneas puede interpretarse un filme que evoca la parábola del buen samaritano, quizá de manera algo predecible dentro del género, pero igualmente necesaria, como ese plano del niño mirando al río para empujarnos a un debate social de urgida naturaleza personalista.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=GA8dk18thHw&ab_channel=BTEAMPictures