Crítica
Público recomendado: +14
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Al director israelí Eran Riklis se le recuerda por su notable trabajo en Los limoneros, del que hemos hablado en este medio de comunicación. En esta ocasión nos ofrece una cinta titulada Leer Lolita en Teherán, basado en el bestseller de homónimo título de Azar Nafisi. Esta producción viene avalada por el Premio del Público y el Premio Especial del Jurado en el Festival de Roma. Como dato curioso ostenta una de las mejores taquillas de la cartelera francesa en el primer día de estreno.
La historia gira en torno a una profesora, que se reúne en secreto con siete de sus alumnas para leer los clásicos de Occidente prohibidos en la época Revolucionaria de Irán.
El director nos “vendió” la moto de la cinta del siguiente modo: “La película nos lleva a través de todo tipo de emociones en un microcosmos marcado por la ansiedad y el miedo, pero sobre todo por la esperanza y el amor, poniendo de relieve la búsqueda de certezas en un mundo incierto.”
Leer lolita en Teherán avanza sin prisa pero sin pausa, en la que siempre ocurre un hecho que despierta el interés: ya sea por su dramatismo, ya sea por el impacto que genera en el espectador. Esta producción guarda ciertos paralelismos con las novelas gráficas de Marjane Satrapi como Pollo con ciruelas o Persépolis, convertido (éste último) por ella misma en película de animación, en la que se contaban las enormes diferencias políticas entre el periodo del Sha de Persia y la posterior llegada del integrismo islámico de la mano de hierro de Jomeini.
El largometraje cuenta la historia de la vocación de una profesora, interpretado por Golshifteh Farahani con gran cantidad de matices que, a pesar de las trabas y enormes riesgos, intenta transmitir su amor por los clásicos de la literatura universal de occidente a través de Lolita de Nabokov; Orgullo y prejucio de Jane Austen o El gran Gatsby de Scott Fitzgerald, así como hacerles reflexionar a sus alumnos sobre la realidad actual, comparándola con las novelas y transmitiendo esperanza cuando parece que está todo perdido.
El director presenta personajes extremos en sentido positivo y negativo, pero muchos otros que se encuentran en la escala de grises. El cineasta israelí denuncia no solo desde un punto de vista social el desprecio por la mujer en ese país, sino que cuenta como algunas de ellas se convierten en objetos sexuales de sus maridos, donde vemos la diferencia de mentalidades entre ellas que no se sienten queridas y la protagonista y su marido, puesto que entienden que la sexualidad y el amor van de la mano por su mentalidad más abierta.
Este relato cinematográfico habla también del perdón y de esas personas que, al haber visto restringidas sus libertades de un modo extremo, se dan cuenta del error de haber apoyado al islamismo radical por lo que van evolucionando a un pensamiento más moderado. Por otra parte observamos un detalle de gran crudeza verbalizado, que no mostrado, por un personaje, que descoloca al espectador, ya que algunos de ellos por su extremismo violan a una opositora del régimen para que no alcanzase el Paraíso, lo que parece un contra sentido.
Víctor Alvarado
Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=mtEak1NlYSI [/embedyt]