Crítica
Público recomendado: +18
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Regresa el asesino del garfio que oculta todo su cuerpo bajo la gabardina de un pescador y cuyas pisadas parecen la de un T-Rex. La saga Sé lo que hicisteis el último verano, creada en 1997 bajo la batuta de Jim Gillespie en la dirección y con guion de Kevin Williamson basada o inspirada en la novela homónima de Louis Duncan, vuelve en 2025 con el mismo título que la primera película pero es secuela directa, y eso que ya hubo dos secuelas más. Coge el testigo la desconocida Jennifer Kaytin Robinson y realiza un producto entretenido pero que abandona sus raíces: el terror.
Cuando cinco amigos provocan sin querer un accidente de coche mortal, encubren su implicación y hacen un pacto para mantenerlo en secreto en lugar de afrontar las consecuencias. Un año después, su pasado vuelve para atormentarlos y se ven obligados a enfrentarse a una aterradora verdad: alguien sabe lo que hicieron el último verano… y está empeñado en vengarse. A medida que los amigos son acechados uno a uno por un asesino, descubren que esto ya ha sucedido antes, y recurren a dos supervivientes de la legendaria Masacre de Southport de 1997 en busca de ayuda.
El ’slasher’ sigue de moda tras la reciente Until Dawn y la anunciada Scream 7. La otra saga más famosa (con permiso de Pesadilla en Elm Street o Viernes 13) es esta que nos ocupa. Su primera película conoció secuela: Aún sé lo que hicisteis el último verano, (Danny Cannon, 1998) con los supervivientes de la matanza, y la tercera entrega, Sé lo que hicisteis el último verano 3 (extraña traducción de I’ll Always Know What You Did Last Summer (Siempre sabré lo que hicisteis el último verano), dirigida por Sylvain White en 2006), absolutamente olvidable, mantenía conexión argumental pero tenía nuevo reparto y cometía el inmenso error de llevar la temática al género sobrenatural para intentar mantener “viva” (chiste obligado dada la temática) la gallina de los huevos de oro, pero fue tan decepcionante que no tuvo estreno en salas y se quedó en formato doméstico.
Así que nos encontramos en 2025, con un Hollywood en crisis que necesita recuperar sus productos más famosos para volver a llevar a la gente al cine, gente que prefiere pagar una suscripción a un servicio de cine online y ahorrase lo que cuesta una entrada, ciertamente bastante más cara. Por eso hay que ofrecer espectáculo y algo que no se pueda ver igual en casa. Así que la moda es actualizar películas “clásicas” haciendo o remakes o secuelas, y por el camino se les da un numerito o se las llama como el original. Y así llegamos a esta Sé lo que hicisteis el último verano, que debería ser la cuatro, pero no, es mejor añadir confusión y dejarla como la que lo empezó todo. En todo caso puede tener cierto sentido porque Jennifer Kaytin Robinson y sus nada más y nada menos que tres guionistas (sorprende la cantidad de escritores para la escasa calidad de la que hace gala el libreto), ella incluida, han decidido tirar de nostalgia y contar con Jennifer Love Hewitt y Freddie Prinze Jr., dos miembros del reparto original que retoman sus personajes, así al parecer se aseguran que tanto más mayores como más jóvenes vayan al cine: unos a ver a sus actores de la adolescencia, y otros para ver a chicos guapos jovencitos no muy listos sufriendo de lo lindo.
En lo referente al libreto, hay que ser sinceros: los cuatro guionistas no logran dar miedo, aunque sí consiguen imprimir tensión en unas pocas secuencias muy concretas, pero en general todo es muy ligerito y al final se queda en el reto a la inteligencia del espectador de adivinar quién es, esta vez, el asesino implacable que va a acabar con los jóvenes incautos y descerebrados que tienen la mente más en beber y en estar siempre “divinos” (frase literal de un personaje) que en pararse a pensar más de 30 segundos e idear planes lógicos.
Al menos esta vez el detonante del conflicto ha cambiado un poco y los protagonistas muestran algo más de decisión y sentido común en el momento determinante del comienzo, aunque luego la cosa desbarre irremediablemente. También se actualizan los vocablos para una mayor coherencia con los días que vivimos y se habla de “criptos” y “memes”, además de una blasfemia que era innecesaria. Se critican, eso sí, los vanos intentos de algunas autoridades de manipular los hechos y dar visiones alternativas tratando de idiota a la opinión pública. Hay una pequeña mirada hacia la trascendencia y el apoyo que siempre debería dar la Iglesia, aunque su desenlace deje mucho que desear.
Se agradecen algunos flashbacks que ayudan a recordar películas pasadas y refrescan la memoria, y se hace un tratamiento muy adecuado de las ya mencionadas pisadas del asesino, muy exageradas pero muy eficientes, sin duda imponen y deben escucharse de miedo en un cine con buenos altavoces. Por supuesto las muertes son aún más sangrientas que en las anteriores, no aptas para estómagos sensibles.
No tienen sentido y no aportan nada dos escenas sensuales, una en plan lésbico, y algunos giros de guion absurdos que tienen toda la pinta de ser un mero capricho de la directora, muy preocupada seguramente por dar algo de presencia al feminismo radical y a la cultura woke que tanto daño han hecho y siguen haciendo al arte.
Así que Kaytin Robinson entretiene y entrega una cuarta película que supone algo mejor que lo que se vio en la mejorable segunda entrega y la infumable tercera, pero no acaba de dar con el tono ni la forma. Se agradecen los guiños al pasado y traer de vuelta a Jennifer Love Hewitt y Freddie Prinze Jr., muy crecidos los dos y cómodos en sus papeles, haciendo real el dicho de “la veteranía es un grado”. Por cierto que hay escena final antes de los créditos que promete quinto filme.
Miguel Soria