Mi vecino Totoro

Estas extrañas criaturas aún existen en Japón. Probablemente...

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Ficha técnica

Título original
となりのトトロ
Director
Hayao Miyazaki
Géneros
Fantasía, Animación, Familia
Resumen
Dos chicas jóvenes, Mei y Satsuki, se mudan a una nueva casa cerca del hospital en el que se encuentra su madre. En el patio junto a la casa ,existe un gran árbol que es el hogar de tres Totoros, dioses de la selva. Poco después, reciben noticias desde el hospital de que su madre no puede venir a casa como había prometido, por lo que Mei (la más joven) se escapa para ir a visitarla. Satsuki tiene que recurrir a un Totoro para ayudar a encontrarla.
País
 Japón
Duración
1 h 26 min
Fecha de lanzamiento
16 abril 1988
Actores
Noriko Hidaka, Hitoshi Takagi, Chika Sakamoto, Shigesato Itoi, Sumi Shimamoto, Tanie Kitabayashi, Masashi Hirose, Yûko Maruyama, Shigeru Chiba, Toshiyuki Amagasa

Crítica

Público Recomendado: Familiar

A raíz del 30 aniversario de su lanzamiento, se reestrena en España esta deliciosa y fantástica película de animación, que relata las aventuras y desventuras de dos niñas, Satsuki, 10 años, y la pequeña, Mei, de 4. El padre, profesor universitario, se traslada con ellas a una casa rural, donde poder estar más cerca de la madre, que se encuentra internada en un hospital, a la espera de que mejore su salud y pueda reunirse con su familia. La historia es en parte autobiográfica, pues cuenta Miyazaki que de pequeño su madre sufrió una tuberculosis durante varios años.

En la nueva casa, las niñas conocerán a su vecino Totoro, un espíritu del bosque afable, tranquilo y sonriente. La primera en descubrirlo es Mei, quien le cuenta a su hermana que ha visto a Totoro; Satsuki le pregunta: “¿Te refieres a esos conejos grandes que salen en nuestros cuentos?” Y así efectivamente es Totoro: un personaje de fábula con forma de conejo enorme. La película está llena de deliciosos momentos protagonizados por las dos hermanas, que reflejan el mundo infantil y su inocencia con una delicadeza, atino y dulzura extraordinarios. Los diálogos de las dos pequeñas están llenos de imaginación, sencillez y asombro, pues para ellas cada pequeña situación se convierte en ocasión de festejo: así, al ver un riachuelo, Satsuki gritará entusiasmada a su hermana: “¡Mei! ¡Mira qué bonito! Fíjate, ¡hay pececitos!”.  O veremos a las dos vociferando como locas  y entre risas “¡Nada por aquí! ¡Nada! ¡Nada por aquí! ¡Por aquí nada…!”, mientras rebuscan por toda la casa las escaleras de subida al desván. Cuando van a ver a mamá por primera vez al hospital, se arremolinan ante ella llenas de vitalidad soltando lo primero que se les viene a la cabeza: “¡Mamá, papá se ha equivocado de camino!“ “¡Hoy no tenemos cole!”, “¡Satsuki me riñe mucho!”, “¡Solo cuando haces tonterías!”. El efecto, lejos de ser ñoño, es extraordinariamente vigoroso y realista.

Además de Totoro, las niñas encontrarán otros seres fantásticos, como los duendes del polvo, de quienes su vecina, la abuela Nanny, explica que no hay que tenerles miedo porque “si todos somos felices y seguimos sonriendo, los duendes [del polvo] se cansarán y se marcharán de aquí.” En la misma línea, el padre les explica a sus hijas en medio de una noche de tormenta que reírse es la mejor forma de espantar a los fantasmas. El padre es un hombre sabio que no renuncia a lo maravilloso: cuando el agujero por el que Mei llegó hasta Totoro desaparece y ya no se puede ver más, el padre explica a sus hijas: “recordad que solo podréis verle cuando él quiera.” Y dirigiéndose al espíritu del bosque, el padre añade: “Te damos gracias por lo que has hecho por mi hija, te ruego que cuides de ella y que la protejas.“

Además de la abuela Nanny, entre los vecinos de las dos pequeñas también se cuenta el pequeño Kanta, un niño tímido a quien parecen molestar las continuas risas y el bullicio de dos pequeñas, pero que con el tiempo aprenderá a apreciar a sus nuevas vecinas. La mayor tragedia acaecerá cuando la pequeña Mei se entere de que mamá ha empeorado y que no podrá volver a casa el fin de semana. Entonces, la niña trata de llegar sola al hospital para dejar a su madre unas verduras de la huerta de Nanny que le ayuden a reponerse, pero se pierde en el camino.

Satsuki y todo el vecindario tratan de encontrar a la pequeña sin ningún éxito, hasta que muy preocupada, le hermana mayor acude a Totoro, quien se convierte en la última esperanza de encontrar a Mei sana y salva. “Totoro, te pido que la protejas, te prometo que nunca me portaré mal si me ayudas a encontrarla”, suplica Satsuki a su amigo fantástico. Y de esta forma, la película nos pone en contacto con esos seres maravillosos que salvaguardan nuestros caminos, guían y protegen, y con los humanos que siguen creyendo en lo misterioso: las niñas y los adultos que no han perdido su capacidad de asombro.

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