Mufasa: El rey león

Crítica

Público recomendado: familiar

El Rey León (1994) es un clásico y es un postulado que no admite discusión. Una de las obras maestras de Disney se ha llevado a musical con tremendo éxito y a película de animación 3D por ordenador con imágenes fotorrealistas en 2019. ¿Qué más se podía contar de la historia? Una vez conocido el periplo de Simba quedaba por saber el de su padre, que no fue un camino de rosas precisamente, y así lo ha hecho con gran acierto la compañía del ratón.

Rafiki debe transmitir la leyenda de Mufasa a la joven cachorro de león Kiara, hija de Simba y Nala, con Timón y Pumba aportando su estilo característico. La historia se cuenta en flashbacks y presenta a Mufasa como un cachorro huérfano, perdido y solo hasta que conoce a un simpático león llamado Taka, heredero de un linaje real. Este encuentro casual pone en marcha un viaje de un extraordinario grupo de inadaptados que buscan su destino. Y sus vínculos se pondrán a prueba mientras trabajan juntos para escapar de un enemigo amenazador y letal.

Parece que algunos se han puesto de acuerdo para hacer precuelas: hace unas semanas se ha estrenado en cartelera Wicked (Jon M. Chu), historia previa al Mago de Oz (Victor Fleming, 1939) contando los orígenes de la Malvada Bruja del Oeste y su relación con la Bruja Buena. Pues bien, ahora tenemos la precuela de El Rey León, pero donde la susodicha naufragaba por un guion estrambótico y unas canciones aburridas y superficiales, en esta ocasión, por fin, tenemos un largometraje de alta calidad.

El director Barry Jenkins (Moonlight, 2016; Aftersun, 2022) dirige el libreto de Jeff Nathanson, que también hizo el de la versión 3D y el guion de la fabulosa La Terminal (Steven Spielberg, 2004) logrando un grandísimo espectáculo que, sin revolucionar, atrapa desde el minuto 1. Para ello se vale, por una parte, de imágenes aún más increíbles que las vistas en 2019. Parecía imposible superarlas, pero lo consigue, con expresiones faciales asombrosas que logran el principal reto: que empaticemos, por fin, con animales no hechos por dibujos clásicos. Pero, inteligentemente, no lo fía todo al apartado visual, que sería un error, sino que cuida a los personajes y los deja desarrollarse poco a poco, de tal forma que resultan creíbles y entrañables, mientras que los villanos son realmente intimidatorios.

Como decimos, todo es visualmente sobresaliente y Jenkins se supera en pasajes como la riada inicial, la carrera entre los cachorros, la estampida o la lucha final, ejecutados con mucha inteligencia y perfecta planificación. Además, están acompañados de numerosos planos generales de gran amplitud de tal forma que nunca nos perdemos y siempre sabemos dónde estamos y qué está pasando. El director también se aprovecha de los avances de la técnica digital y pone la cámara en sitios imposibles consiguiendo encuadres que no serían viables rodando en imagen real, metiéndonos al lado de los protagonistas y viviendo muy de cerca sus historias con ellos.

En el guion, lo más importante de todo filme, sobresalen los mensajes positivos como el amor y la unión familiar y fraternal (un hermano no tiene obligatoriamente que ser hermano de sangre, una fuerte amistad puede dar resultados muy similares); la familia padre-madre e hijos, si los hay; la superación de los miedos y el aprendizaje personal; el trabajo en equipo, la búsqueda de la propia personalidad, la consecución de las metas y ver en los finales posibles comienzos de algo nuevo y esperanzador. Se retoma e insiste, además, en la parte espiritual de visión eminentemente cristiana de que las personas que nos han dejado en esta vida, en realidad, no se han ido, viven en nosotros, en nuestro recuerdo y nos cuidan desde la otra vida, pero para ello hay que pararse y escucharles.

En el otro lado de la moneda, por supuesto, se muestran también los peligros del exceso de orgullo, de las envidias, los celos y la obsesión por el poder y la “pureza” de la raza.

Como en su hermana mayor, hay unas cuantas canciones, algunas muy resultonas, otras quizás algo más innecesarias. No son tan magníficas como las originales de Hans Zimmer, Elton John  y Tim Rice pero en general tienen una gran calidad.

Se agradece, y mucho, que para los personajes que ya conocíamos se conserven las voces en español, escuchándose así a grandes maestros como Miguel Ángel Jenner, Alberto Mieza y Juan Fernández que, a pesar de tantos años desde 1994, no han perdido un ápice de su encanto y siguen demostrando ser unos genios del arte de la voz. Emociona que, al principio de la película, se haga un precioso homenaje a la voz inglesa original de Mufasa, el fallecido James Earl Jones, pero se echa de menos otro a su voz en español, el inigualable y también fallecido Constantino Romero.

Es verdad que algunos tramos pueden asustar a los más pequeños por su violencia, nunca desagradable eso sí, pero presente, por lo que, aunque es una película familiar, se recomienda a partir de los 12 años. Mufasa: El Rey León es, en suma, una magnífica opción para ir al cine todos juntos a disfrutar de un gran espectáculo con mensajes muy positivos y un gran cariño hacia la obra maestra de Disney.

Miguel Soria

https://www.youtube.com/watch?v=Yg4cOLXxcOU

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